No - Alfa y Omega

De acuerdo con una doctrina moral segura, cualquier concesión de cualquier tipo a los terroristas, que suponga hacer políticamente rentables y eficaces sus crímenes en el logro de objetivos políticos, supone conculcar gravemente la justicia, situarse fuera del Estado de Derecho, volver a la situación selvática en la que la fuente de poder es la pura fuerza… Por desgracia, a ese tipo de concesiones moralmente inadmisibles parece responder, atendidos sus propios términos, el reciente plan gubernamental para la reinserción de terroristas, tal como ha sido dado a conocer estos días. Habrá quienes piensen que, con este lenguaje, incurrimos en una tremendista exageración y obstaculizamos un proceso que nos ha puesto ya a las puertas de la paz…, ¿sin vencedores y vencidos…? ¿Acaso puede lograrse tal presunto final sin que sean vencedores los terroristas?

El terrorismo —éste es uno de sus más graves daños— ciega el conocimiento de la verdad, embota, pervierte, deforma de modo sistemático y generalizado la conciencia moral, y la coloniza hasta hacer que muchos llamen bien al mal y luz a las tinieblas (Is 5, 20). Especialmente grave es la sedación de la conciencia moral que pueden llegar a padecer las autoridades, envueltas en el perfumado y reconfortante vaho del poder. Y dirán muchos: «Ellos, los que mandan, sí que saben lo que conviene. Ellos son los que están en el secreto, manejan claves que los demás no poseemos. Y hay que poner ya fin a esto como sea. ¡La paz! Y ¡pelillos a la mar! No tiene sentido empeñarse en la agotadora defensa interminable de intangibles principios y objetivos, cuando están ya dispuestos a dejar de matar. Al fin y al cabo, se trata de una reinserción —¿conversión?—. Y nada probaría mejor el logro de ese objetivo que su acceso a las instituciones políticas democráticas».

Oiga: ¿y no tiene nada que ver el que hayan matado…? ¿O será que tal vez los poderosos funcionan con una moral que no llegamos a comprender los que andamos por la vida con nuestra moral de pueblo…? Las víctimas del terrorismo, gracias a su propia condición, se encuentran mejor protegidas que los demás frente a la corrosión ética a la que en este asunto está expuesta toda la sociedad. Frente al desfondamiento moral que nos amenaza, nos proporcionan a todos, a las autoridades en primer lugar, un imprescindible antídoto cuando, lejos de toda venganza, alzan permanentemente su voz para exigir memoria, dignidad y justicia. Mal paso damos, falsa paz proclamamos, imposible convivencia pretendemos si no nos instalamos en la verdad y en la justicia, sin las que no tendrían sentido posibles medidas de indulgencia.

Por todo lo cual, creemos que hay que decir sencillamente No a la política que se refleja en el concreto plan de reinserción de terroristas trazado por el Gobierno y dado a conocer hace unos días.