No es verdad 793 - Alfa y Omega

Hace unas semanas, comentaba yo en este rincón mi gran curiosidad por ver quién podía más: si la grandeur francesa, la tozudez alemana, la finezza italiana, o la retranca gallega. No es cuestión de cacarear, pero de momento la retranca gallega parece empezar a dar resultados tangibles. Es una lástima, sin embargo, que, también de momento, esté siendo aplicada, en dosis masivas, sólo a los problemas económicos porque, como apunta El Roto en la viñeta que ilustra este comentario, la cuestión de fondo es otra y, como demuestran las encuestas más recientes, empieza a ser mayoría la gente que se pregunta: ¿Para qué cree el señor Rajoy que le hemos dado mayoría absoluta? ¿Sólo para lo de la prima de riesgo?

Constitución española artículo 155.1: «Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras Leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma, y en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones, o para la protección del mencionado interés general. 2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas».

¿Qué pasa, que lo del catalán en las provincias catalanas o lo del lehendakari y el copago en las provincias vascongadas no atenta gravemente al interés general de España? ¿O qué pasa, que el artículo 155 de la Constitución está para no cumplirlo? La mayoría del personal empieza a preguntarse: ¿Para qué cree el señor Rajoy que le hemos dado la mayoría absoluta, sólo para lo de la prima de riesgo?

Porque claro, o ahora o nunca; en lo de Europa y en lo de todo lo demás; por ejemplo, en lo del aborto; por ejemplo, en lo de la Ley electoral; por ejemplo, en lo del 11M, en lo del Faisán, en lo de la ETA, en lo de la Justicia, en lo de la Educación para la ciudadanía, en lo del imposible matrimonio homosexual, en lo de la eutanasia que se ve venir, etc., etc., etc.

He leído que, de 192 embajaditas de las Comunidades Autónomas en el extranjero sólo han sido suprimidas 26: ¿pero qué broma es ésta? ¿Y qué broma es la del incumplimiento de lo del idioma español en Cataluña desacatando al Tribunal Supremo? ¿Acaso basta con una multa que ya veremos si la pagan el año que viene?

Según los últimos datos del paro, una cuarta parte de los españoles en edad laboral están sin trabajo, y de los jóvenes, más de la mitad. Sanidad está cobrando, con una prisa que no sé a qué viene, porque el caos es llamativo, medicamentos de uso común, mientras sigue financiando anticonceptivos. La Seguridad Social, en 2011, gastó 25 millones de euros en financiar anticonceptivos.

El mayor chantaje a la España democrática que fue el secuestro, hace quince años, de don José Antonio Ortega Lara y el asesinato de don Miguel Ángel Blanco, ha pasado casi en silencio como si la gente lo hubiera olvidado. Hay hechos que, por dignidad elemental, no se deben olvidar.

Los partidos políticos reciben subvenciones públicas por 18 conceptos distintos y se reparten 65 millones de euros este año sólo en ayudas. España gastará este año 115.000 millones de euros en sueldos públicos y los soldados se tienen que pagar parte del rancho si quieren comer.

Retrasar medidas inevitables es absurdo y asombra que, con las notables excepciones que confirman la regla, una recua de sabihondas lumbreras sigan, día a día, modelando la opinión pública en tertulias en las que, inevitablemente, como los vagones del Metro no entran, sino que hacen su entrada, con el impepinable bueno, vamos a ver…; siguen con el dicho esto, y concluyen con el y punto. ¡Curiosa España ésta nuestra de hoy que pasa de la depre a la euforia y del pasotismo a la exaltación en cuanto unos deportistas ejemplares consiguen una hazaña!; curiosa España en la que cualquier indocumentado, que desprestigia cuanto toca, es comparado, sin pudor alguno, con Habermas. O en la que algunas señoras mayores están tan desoladoramente solas que les oyes decir por la calle a su perro: ¿Estás cansadito, pequeñín?