No es verdad 838 - Alfa y Omega

El humorista Kap ha pintado, en La Vanguardia, a un Magistrado del Tribunal Constitucional con la puñeta de la manga derecha mucho mayor que la de la izquierda; y también a un Magistrado del Constitucional enchufado, en plan guiñol, a un aparato manejado, a su espalda, por alguien que comenta: Ay, ¡que no funciona el mando! A pesar de todo, en esta querida España, el que no se sonríe por lo menos es porque no quiere, porque lo cierto es que son tantos los mandos que no funcionan, que todavía no se explica uno cómo hay algo que sí funcione. En verdad no sabe uno por dónde empezar, si por los etarras huidos que ya no tienen vergüenza ni miedo de reconocer que son terroristas –tan seguros están de su impunidad–, o por el juez del caso Blesa, que denuncia «presiones e injerencias» –¿pero desde cuándo los jueces hablan de sus casos fuera del Tribunal?–; o por el expresidente del Constitucional que, en su adiós, tiene el cinismo de negar que la política haya marcado las sentencias del Tribunal que presidía; o por el crecimiento desbocado de la Deuda Pública, que se dispara hasta 922.000 millones de euros, con lo que cada españolito, incluido cada bebé que nace, debe más de 20.000 euros en Deuda Pública; o por Mas, que ya habla de «una consulta sin valor jurídico», porque le ha visto las orejas al lobo –y más que se las va a ver–, pero que sigue gastando los euros que le damos todos en cosas como preparar embajadores de Cataluña: 150 millones de euros nos cuestan al año las 114 delegaciones autonómicas llamadas embajadas. Lo dicho: no sabe uno por dónde empezar.

Ha habido algún periódico que ha titulado en portada que ETA mantiene comandos operativos. ¡Vaya noticia! Lo que mantiene es asesinos operativos, porque comandos, que yo sepa, es una palabra militar. Pero ahí tienen ustedes al terminal Bolinaga, tomándose sus vinos un año después de que se anunciara su muerte inminente; y ahí tienen ustedes un informe encargado por el lendakari Urkullu y presentado por él y por el obispo Uriarte, emérito de San Sebastián; un informe que asume las tesis batasunas y equipara los crímenes de ETA a las muertes atribuidas a cuerpos policiales. ¿Tiene algo de particular que la eurodiputada doña Teresa Jiménez Becerril escriba, en ABC: «Todos aplauden que ETA haya dejado de matar, pero eso ni es suficiente, ni pararse ahí es digno de una sociedad que quiera mirarse al espejo sin agachar la cabeza»?

Ha sido muy revelador el modo con que los diversos periódicos han contado los datos y cifras de la Memoria justificativa de actividades de la Conferencia Episcopal Española, que don Fernando Giménez Barriocanal presentó recientemente en Madrid, y en la que, con absoluta transparencia, esos datos eran sometidos a una Auditoría externa de la prestigiosa Price Waterhouse Cooper. Salvo ABC y La Razón, los demás medios informaron con un entusiasmo manifiestamente mejorable: algunos, porque no tenían más remedio, dada la abrumadora claridad de los datos; otros, con una columna medio vergonzante; y algunos, como El País y La Vanguardia, ni línea. ¿Se imaginan ustedes, si hubiera habido la más leve sombra de duda, el despliegue de los bedoyas y julianas? El País ha llevado la información a la web con una miserable ironía sobre la multiplicación de los panes y de los peces. En general, a los silenciadores les han parecido más noticiosas las habladurías sobre los lobbies gay, o la fiebre del japonesismo.

He oído esta mañana a Leguina, en la COPE, contando la sabiduría de su abuela, que decía que, «para salir del agujero, lo primero es no seguir cavando». Lo mismito decía mi abuela, y añadía: «Para bailar la rumbita, hay que nacer en Cubita». ¡Qué cosas decían, y sobre todo hacían, nuestras abuelas, ¿verdad?! Quizás por eso, aquel sabio y santo obispo español mandaba a Roma al chico más listo de su seminario con estas palabras: «Tú vas allí, lees todo, escuchas todo, aprendes todo… y luego te quedas con lo que te enseñó tu abuela». ¡Qué cosas pasaban entonces! ¿No es verdad?