Una Premio Nobel con formación católica - Alfa y Omega

Una Premio Nobel con formación católica

En 2011, varios países europeos, entre ellos España, conmemoraron el centenario del segundo Premio Nobel de Marie Curie. Sin embargo, el homenaje español a esta pionera de la ciencia no sólo ha sido el más completo, sino también el único que se alargará, durante 2012, en distintas ciudades. Doña Belén Yuste, una de las dos coordinadoras de estos actos de homenaje, explica los rasgos principales de Madamme Curie, que asentó toda su labor en la formación cristiana que le transmitió su familia

Colaborador
El matrimonio Curie

En 2011, varios países europeos, entre ellos España, conmemoraron el centenario del segundo Premio Nobel de Marie Curie. Sin embargo, el homenaje español a esta pionera de la ciencia no sólo ha sido el más completo, sino también el único que se alargará, durante 2012, en distintas ciudades. Doña Belén Yuste, una de las dos coordinadoras de estos actos de homenaje, explica los rasgos principales de Madamme Curie, que asentó toda su labor en la formación cristiana que le transmitió su familia

Tenía 17 años cuando llegó a mis manos el libro que hilvanó mi vida a la de María Sklodowska-Curie. Recuerdo que era primavera y había viajado a Sevilla para ir a la ordenación sacerdotal de un primo mío. No sabía qué regalarle. Al fin compré las Obras Completas, de Santa Teresa de Jesús, para él, y Vida heroica, de Marie Curie, para mí. ¡Quién me iba a decir que, en ese instante, se cruzaban en mi camino dos mujeres que serían referentes en mi vida!

Regresé a Madrid leyendo la vida de María Sklodowska-Curie escrita por su hija Eva. En aquellas páginas, descubrí no sólo a la eminente científica que había dejado huella universal, sino, y sobre todo, a la persona comprometida, generosa y tenaz, fruto de una sólida y culta familia, cuya madre era ferviente católica, que le inculcaron los grandes valores que fueron puntales de su vida. Me sorprendió su implicación ante la opresión rusa de su Polonia natal, y su arriesgada y encomiable labor en la Primera Guerra Mundial, salvando innumerables vidas y evitando traumáticas amputaciones a miles de soldados, al realizar, gracias a las unidades radiológicas móviles ideadas por ella -los coches Curie-, las radiografías que localizaban los proyectiles. Regalé el libro a mis amigos como quien ofrece un tesoro, y continué mi vida interesándome por ella.

Retrato de la científica

Años después, se me concedió la amistad de la mezzosoprano y pianista Sonnia L. Rivas-Caballero, y juntas descubrimos a otra mujer arriesgada y valiente: Teresa de Jesús, la mujer que, en pleno siglo XVI, conmocionó al mundo religioso dando vida a un movimiento religioso acuñado con su propio nombre: Reforma Teresiana. Leímos sus obras, recorrimos los primitivos Carmelos españoles y extranjeros, y llegamos a quien ella quiso tanto: Ana de San Bartolomé, su fiel enfermera y confidente, en cuyos brazos quiso morir la santa abulense.

De santa Teresa, a Marie Curie

Los años de estudios teresianos culminaron en trabajos conjuntos: los CD Coloquio de Amor y Del Corazón enamorado (RTVE-Música), en los que Sonnia puso su maravillosa voz a los inmortales poemas teresianos-sanjuanistas; la biografía de Ana de San Bartolomé: Una carmelita en Flandes (Edicel), la fundación de la Asociación Amigos de Ana de San Bartolomé, para difundir su vida y alentar su canonización, y el libro El arca de las tres llaves (ed. Homo Legens), que, siguiendo el símil del arca que santa Teresa llevaba a sus fundaciones, narra la génesis de su obra.

Entretanto, Sonnia se contagió de mi interés por María Sklodowska-Curie, y juntas ampliamos documentación en numerosos viajes a París, donde era ineludible nuestra cita con el Museo Curie, guardián de su legado personal y científico. Llegó 2003 y, con él, el centenario de su primer Premio Nobel, el de Física. Entonces comenzaban a eclosionar nuestros trabajos teresianos, y una de las conferencias que me solicitaron propuse que fuese sobre ella. Fue la primera vez que desgrané su vida en público.

El pasado año, se cumplió el centenario de su segundo Nobel, el de Química, y el mundo entero rindió homenaje a la gran científica. En enero, fuimos invitadas a la inauguración oficial del Año Curie, en el Gran Anfiteatro de la Sorbona, donde vimos la exposición sobre su vida y su obra que, auspiciada por el Museo Curie, recorrería numerosos países en 2011. Fue entonces cuando nos propusimos traerla a España. Un sueño que ha sido posible gracias a la colaboración de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y a las embajadas de Francia y de Polonia. Con su apoyo, germinó nuestra dedicación a María Sklodowska-Curie coordinando el homenaje español, que continuará a lo largo del 2012 y para el que hemos escrito su biografía: Una polaca en París, en principio, como regalo de las embajadas y que, en Navidad, ha salido a la venta.

Pionera en múltiples campos

Retrato de la científica

El libro se articula en tres capítulos, que desarrollan sus tres etapas vitales: la polaca, en la que destaca la marcada impronta familiar, sin la que no se entendería el devenir de su vida; la francesa, que engloba sus años de estudiante en la Sorbona, su matrimonio y el éxito de sus descubrimientos; y la internacional, en la que desarrolló una importante labor como embajadora de la Ciencia en todo el mundo. El epílogo está dedicado a sus viajes a España en 1919, 1931 y 1933. Con esta obra, pretendemos dar a conocer a quien fue pionera en tantas cosas: licenciarse y doctorarse en la Sorbona, impartir clases en la Universidad, recibir el Premio Nobel y obtenerlo en dos ocasiones, ser Doctora Honoris Causa por un sin fin de universidades, y un largo etcétera de primeras veces, que culminaron en 1995, cuando sus restos fueron solemnemente inhumados en el Panteón de Hombres Ilustres de Francia. En sus páginas, intercalamos textos de esta mujer idealista, solidaria y comprometida, que fue Vicepresidenta del Comité de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones, desde donde luchó, entre otras cosas, por crear becas que salvaguardasen el talento de las personas menos favorecidas económicamente.

Ella escribió: «No podemos construir un mundo mejor sin mejorar a los individuos; con este propósito, cada uno de nosotros debe trabajar su propio perfeccionamiento, aceptando, en la vida general de la Humanidad, su parte de responsabilidad, ya que nuestro deber particular es el de ayudar a quienes podemos ser útiles». Ayudó y fue útil, no sólo a los suyos, sino a la Humanidad entera.

Belén Yuste