Hermana Samuelle: «En el mosaico no estoy sola, estoy con otras personas víctimas»
Una de las religiosas abusadas por el exjesuita Marko Rupnik ha pasado por Madrid para construir una obra de arte en un proyecto restaurativo
«Tu música era mi llanto. No sabía si venir y con tu melodía has expresado mi dolor». Y se abrazó a él, llena de lágrimas. Esto sucedió el pasado sábado. Él, el violonchelista que improvisó una melodía desgarradora. Ella, una mujer de unos 60 años envuelta en dolor. El encuentro, en medio de una jornada íntima entre víctimas de abusos sexuales, de poder, espirituales y de conciencia en el seno de la Iglesia; la hermana Samuelle, religiosa francesa abusada por el exjesuita esloveno Marko Rupnik, mundialmente conocido por sus mosaicos, y Quentin Delcourt, cineasta y líder del proyecto Renacimiento: la sinfonía de las teselas, una película documental en torno al caso de la religiosa que, entre otras acciones, recorre el mundo buscando a otras víctimas que impriman su sanación y su dolor en las teselas que después, la religiosa, inmortalizará en sus propias creaciones artísticas.
«Pidamos a Dios que su Iglesia no sea sorda ante realidades que aún precisan ser atendidas con diligencia, como los abusos sobre personas adultas, vulneradas desde relaciones insufribles de poder», proclamó con fuerza José Luis Segovia, vicario Pastoral de la archidiócesis de Madrid, al inicio del encuentro. «De manera incomprensible, aún a día de hoy, no forman parte de las estadísticas; es decir, no han llegado a ser ni siquiera un número, lo que resulta absolutamente grosero e intolerable».
Tras una mañana llena de expresiones artísticas, firmas e imprimaciones de teselas, palabras y música para reconstruir, llegó el momento de conversación en el patio, una tarde de primavera.

—Primero hubo una etapa privada, de trabajo personal y con ayuda médica —explica la hermana Samuelle sobre su propia historia—. Después llegó otra más pública, en abril de 2023, cuando hablé en un medio francés. Mi objetivo fue que avanzasen dos casos: el de mi antigua comunidad y el de Rupnik. La periodista me dijo que, para que aquello funcionase, tenían que estar mi rostro y mi nombre, porque las pocas personas que se atrevían a hablar lo hacían de manera anónima.
Mostrar el arte de la religiosa, mano derecha del mosaiquista esloveno, también era un punto fundamental, porque no solo no se apartó de la disciplina artística que había aprendido de su abusador, sino que había evolucionado hacia un estilo propio. Era un signo visible de su reconstrucción personal.
—Fue un momento difícil porque tuve miedo, pero enseguida vi que era algo muy positivo, porque empecé a recibir un montón de mensajes de víctimas.
Cuatro meses después tuvo lugar su encuentro con el cineasta Quentin Delcourt, que había leído el artículo. Tras meses de diálogos y reflexión en torno a ambas artes, los mosaicos y el cine, surgió la idea de crear el proyecto Renacimiento: La sinfonía de las teselas. «Para mí es importante, puesto que el caso de Rupnik está parado. Pero no tengo intención de convertirme en portavoz de las víctimas», explicaba Samuelle. Pero la realidad es que sus mosaicos se convirtieron lugar de encuentro.
Volvemos al patio y a la conversación. Ya se habían retirado la mayoría de los asistentes, exhaustos de tantas emociones. «Cuando la hermana me compartió su historia fue un regalo con mucho peso, porque es el alma de una persona que fue abusada y yo debía hacer algo», señaló Delcourt. Y lo hizo. Tres años de su vida dedicado al proyecto, otras películas bloqueadas, dinero invertido. «Pero quiero usar el arte para hacer una película de reparación, porque el arte fue el lugar de la destrucción».

—En general en la opinión pública y, en concreto en el contexto de la Iglesia, ¿habéis encontrado más apoyos o más resistencias?
—El contexto es importante y en Francia, hoy en día, una persona víctima no puede ser ignorada. Yo, personalmente, nunca he tenido puertas que se cerraran. Incluso con mi antigua congregación las cosas fueron muy difíciles, pero nunca he tenido un rechazo frontal claro. De hecho, soy consciente de que de alguna manera tranquilizo a los católicos franceses, porque sigo siendo religiosa. Pero no soy una víctima mejor que una religiosa que se salió.
—Volver a Madrid no ha sido fácil.
—Trabajé aquí en dos mosaicos con Rupnik. En el de la catedral de la Almudena y en el de la Conferencia Episcopal. La última vez que vine fue con él. Regresar ahora para hacer mi propio mosaico con teselas firmadas por víctimas y sus acompañantes para mí es reparador.

Samuelle, antes del encuentro organizado por Entre Compases, que reúne a Repara y a la Cátedra Pro+tejer, había hecho una parada en la capilla del Santísimo de la catedral metropolitana. Allí se encontró con el arzobispo, José Cobo, que firmó una de las teselas. Allí, en ese mismo lugar donde compartió trabajo con su abusador hace más de una década. De repente, esos ojos expresivos se encendieron. «Quisiera que uno de mis mosaicos estuviera en el altar de la capilla». En total, serán 200 obras de arte, las de este proyecto, porque Rupnik hizo ese mismo número de mosaicos alrededor del mundo. Y cada una de estas piezas serán un recuerdo patente de que existe un contrarrelato, de que hay dos versiones de la obra, de que Samuelle ha continuado viviendo. «Y para bien. Y en el mosaico no estoy yo sola, estoy con otras personas víctimas en este movimiento de resurrección».