San Pedro Nolasco, cautivo de Cristo

La Iglesia ha celebrado recientemente la festividad de la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced, quien reveló a san Pedro Nolasco su voluntad de crear una Orden dedicada a la liberación de los cristianos hechos cautivos por los musulmanes. Ochocientos años después de este acontecimiento, uno de los hijos de la Orden de la Merced reconstruye su historia

Colaborador
Visión de San Pedro Nolasco, obra de Francisco de Zurbarán. Museo del Prado de Madrid

La Iglesia ha celebrado recientemente la festividad de la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced, quien reveló a san Pedro Nolasco su voluntad de crear una Orden dedicada a la liberación de los cristianos hechos cautivos por los musulmanes. Ochocientos años después de este acontecimiento, uno de los hijos de la Orden de la Merced reconstruye su historia

A principios del siglo XIII, una multitud de hombres, mujeres y niños estaban sometidos a ominosa esclavitud, a una opresión tal que degeneraba en la pérdida de valores y en la apostasía de la fe. Las causas: las capturas realizadas en las guerras cotidianas entres moros y cristianos, los secuestros de las razias que saqueaban los pueblos y los apresamientos de corsarios y piratas en alta mar o en cualquier punto de la costa mediterránea.

En este contexto vivía Pedro Nolasco, un mercader y joven de futuro. Un día, Dios lo sorprendió poniéndole ante la miseria de los cautivos. Fue en un viaje de negocios que desde Barcelona realizó a Valencia, aún musulmana, llevando mercancías que vender y una larga lista de pedidos que comprar. Allí vio a estas personas y se le rompió el alma. Ya no pudo dormir tranquilo. Le aguijoneaba la palabra del Evangelio: «Estaba en la cárcel y no me visitaste, cautivo y no me liberaste». Se olvidó del negocio que iba a realizar y se dedicó a comprar cautivos, hasta gastarse todo lo que traía. Se vino a Barcelona con más de trescientos liberados. Y ya no supo hacer otra cosa. Esto sucedía en 1203, hace ahora ochocientos años.

Pedro Nolasco siguió siendo mercader, pero nada le importaron ya los tejidos preciosos, las especias… Mercader de libertades, lo suyo era la Humanidad. Una vez consumido cuanto poseía, hasta el patrimonio y la casa, se dio a mendigar. Se le juntaron otros varones generosos, consiguiendo realizar anualmente una expedición de compra de redención.

En esa acción de Pedro Nolasco, como en la redención de Cristo, se involucró María, que, corredentora y medianera, fue encargada por el Padre, el Hijo y el Espíritu para anunciar a Pedro el proyecto divino y recabar su cooperación. Fue en la noche del 1 de agosto de 1218 cuando la Virgen se manifestó a Pedro Nolasco, para proponerle la fundación de la Orden bajo su nombre y matrocinio, por lo que los mercedarios la tenemos como inspiradora, fundadora y madre. Fue todo tan sencillo que, en una semana, Pedro Nolasco lo tenía todo organizado. Así es cómo el 10 de aquel mismo agosto de 1218, en la catedral de Barcelona, se instituía la Orden de Nuestra Señora de la Merced, bajo el patrocinio del obispo Berenguer de Palou y del rey Jaime I el Conquistador.

En tan solemne celebración, Nolasco y su docena de novicios juraron el compromiso institucional de trabajar por la liberación de los cautivos hasta exponer, y aun dar, la vida como Cristo la dio por nosotros, si fuere necesario, para salvar a los cristianos que se encontraran en peligro. Con ese compromiso, los religiosos, sus bienes, la institución misma quedaban absoluta y plenamente al servicio de los cautivos cristianos. Eso es hacer merced, estar en disposición gratuita, como Jesús, que pasó haciendo el bien; como María que hizo de su vida ofrenda a los pobres.

Fray Joaquín Millán Rubio


Al servicio de la libertad

Durante más de cinco siglos y medio, la Merced había redimido entre 60.000 y 80.000 cautivos, mediante una o dos expediciones anuales para las que trabajaban todos los religiosos. Esta labor concluyó en 1779, cuando oficialmente fue suprimida la esclavitud, aunque aún hoy siguen existiendo los esclavos y los cautivos.

Con este mismo espíritu de servicio se enroló la Orden de la Merced en la evangelización de América. Varios mercedarios se embarcaron en el segundo viaje de Colón, pues en el primero no se embarcó ningún clérigo. Gracias a ellos y a los que le siguieron, la devoción a Nuestra Señora de la Merced en América es una constante en todos los países de aquella parte del globo. Al igual que otras Órdenes religiosas, la Orden de la Merced posee un largo elenco de religiosos defensores de los indígenas y afanados por mantener las culturas aborígenes.

San Pedro Nolasco, desde la fundación de la Orden, contó con todos para hacer su labor redentora, constituyendo una gran Familia integrada por religiosos -existen dos congregaciones masculinas: la Orden de la Merced y los Mercedarios descalzos-, religiosas -son ya trece las congregaciones femeninas de la Orden- y seglares, todos nutridos por la misma sabia del amor. Hoy la Familia mercedaria la componen más de 30.000 miembros al servicio de la libertad.