Así ha sido la intervención de Kiko Argüello durante la clausura de la fase diocesana del proceso de canonización de Carmen Hernández - Alfa y Omega

Así ha sido la intervención de Kiko Argüello durante la clausura de la fase diocesana del proceso de canonización de Carmen Hernández

Discurso completo de Kiko Argüello durante la clausura de la fase diocesana del proceso de canonización de Carmen Hernández

Álvaro de Juana
Kiko Argüello. Foto: Tomasz Marynowski.

Me conmueve poder vivir este día en el que se clausura la fase diocesana del proceso de canonización de Carmen Hernández. Estamos viviendo un día grande para todo el Camino Neocatecumenal; una gran fiesta para todos los hermanos.

Quiero agradecer a los que han colaborado en estudiar y presentar la amplia documentación sobre Carmen. He seguido el proceso de recopilación del material   a lo largo de estos diez años y sé que se ha hecho con seriedad. Recibimos constantemente noticias de gracias recibidas por su intercesión y está siendo un motivo de alegría saber que cada vez hay más hermanos y otras personas que no pertenecen al Camino que se acogen a su intercesión, y no sólo los mayores que la conocieron sino también tantísimos jóvenes. Por eso estoy agradecido a todos los que con sus trabajos están dando a conocer aún más a Carmen.

La Iglesia, con esta Causa de Beatificación, está valorando las virtudes de Carmen. Yo puedo decir que Carmen siempre ha estado pensando en el bien de la Iglesia. ¡Qué amor tenía a los Papas, a los obispos, a los presbíteros! Además, sin ella el Camino Neocatecumenal no existiría. ¡Qué enorme ayuda para el Camino ha sido Carmen! Ella nos ha traído las riquezas del Concilio Vaticano II, de la Vigilia Pascual, de las raíces judías del cristianismo. Era una teóloga en constante investigación y búsqueda. Su extraordinaria inteligencia espiritual la puso con generosidad al servicio del Camino, sabiendo transmitirnos con entusiasmo la novedad del Concilio. Toda su existencia ha sido marcada por su amor a Cristo y a la misión de la Iglesia.

El Señor nos ha unido, a Carmen y a mí, durante más de 50 años, en una misión de evangelización maravillosa, fruto del Concilio Vaticano II. Una obra del Espíritu Santo que comenzó en la diócesis de Madrid entre los pobres de las barracas de Palomeras Altas, y de la que Carmen y yo hemos sido testigos. Una Iniciación Cristiana que la Santa Sede aprobó definitivamente en 2008, y que ha salvado a miles de familias, y ha dado tantas vocaciones a la Iglesia.

Carmen quería anunciar el Evangelio a los pobres, por eso trabajó en los barrios más pobres de Barcelona, por eso quería irse con los mineros de Bolivia…pero Dios la estaba esperando en Palomeras. En las barracas vio que Jesucristo servía para los pobres, por eso decidió quedarse allí. Pero hasta que no apareció el arzobispo de Madrid, D. Casimiro Morcillo, no decidió colaborar definitivamente conmigo, porque amaba a la Iglesia de manera incondicional.

Amaba con pasión a Jesucristo. Detrás del éxito del Camino está el amor escondido que tenía a Cristo. Mujer verdaderamente excepcional, con una generosidad enorme, se ha negado a sí misma para mostrarme a mí. Aceptó permanecer en un segundo plano por el bien de los hermanos del Camino. Sólo por eso ya la podrían beatificar.

Junto con los hermanos del Camino Neocatecumenal doy gracias al Señor y a la Iglesia por este día. Ponemos hoy en manos de nuestra Madre la Iglesia, esta nueva etapa romana del proceso de Beatificación y Canonización de Carmen Hernández.