28 de mayo: san Germán de París, el niño abandonado que excomulgó al rey de Francia
Su madre intentó abortarlo y su tía lo quiso envenenar, pero Germán acabó siendo monje y luego obispo de París. Por su intercesión se curó el rey Childeberto, que gracias a ese episodio cambió de vida. Intentó llevar la paz a una corte ávida de placer y poder
Al entrar en la vida de los santos se puede percibir que algunos parecían destinados al cielo. Solo así se entiende cómo pudieron sobrevivir a tantas dificultades. San Germán de París, por ejemplo, sufrió el abandono familiar ya desde el seno de su madre. Esta no lo quería, así que intentó abortarlo, sin éxito. Le abandonó en cuanto tuvo ocasión, confiándolo al cuidado de su tía, que también trató de acabar con él: sentía celos porque su inteligencia eclipsaba a su propio hijo, así que un día le ofreció un veneno mortal que tampoco logró su objetivo. Finalmente, Germán recaló en casa de su primo Escapilión, sacerdote, que le dio todo el cariño y cuidado que le fue arrebatado desde antes de nacer.
Quizá fuera por el testimonio de Escapilión por lo que el joven se decidió por su misma vocación y fue ordenado sacerdote a los 34 años por san Agripino de Autun. Pronto se convirtió en abad del monasterio de San Sinforiano, en la Borgoña francesa, donde se caracterizó por su compasión especialmente hacia los pobres. Germán no dudaba en entregarles todo lo que pudieran necesitar. Esto suscitó en varias ocasiones la inquietud entre sus monjes, que veían cómo su casa y su hacienda se iban empobreciendo a pasos agigantados.
Hubo un momento en que en el monasterio faltó la comida y en la comunidad hubo varios que empezaron a ponerse nerviosos. Sin embargo, antes de que acabara el día y de que alguno se abalanzara sobre su abad, llegó un señor con una buena remesa de pan; y al día siguiente, dos carros de otros alimentos, para tener en qué mojarlo.
De esta etapa se cuenta que un día se desató un incendio en el edificio y el abad lo apagó simplemente echando sobre las llamas un frasco con agua bendita. Y conocida es también la anécdota de su encarcelamiento por parte de su obispo: no se sabe con qué razón, este mandó encerrar a Germán en la cárcel, pero al poco tiempo las puertas de abrieron solas de manera milagrosa. Sin embargo, por respeto y por obediencia al prelado, el abad de San Sofronio se negó a salir de la celda, lo que acabó suscitando la admiración del obispo, que enseguida lo dejó en libertad.
Para alivio de los monjes más recelosos por el patrimonio del monasterio, el rey Childeberto llamó a Germán a París en el año 554, con objeto de encargarle el gobierno de la diócesis. Sin embargo, el primer beneficiario de la compañía del santo fue el propio monarca: en una ocasión en la que cayó enfermo, llamó al nuevo obispo al castillo de Celles, donde se encontraba, para pedir su oración. Germán le impuso las manos y el rey se sanó, lo que dio lugar en él a un cambio visible, pasando de la mundanidad a llevar una vida más espiritual. A partir de entonces, Childeberto se lanzó hacer obras de caridad a imitación de su obispo; y también comenzó a construir iglesias.
El sitio de Zaragoza
Una de ellas fue la de San Vicente, que tiene un origen particular relacionado con España. Childeberto estaba entonces en guerra con los monarcas del sur, y en determinado momento se encontró a las puertas de Zaragoza sitiando la ciudad. Sus ansias de conquista de apaciguaron cuando conoció que los maños se habían puesto bajo la protección de san Vicente: este acto de fe cautivó su corazón y desistió de su intento de hacerse con la ciudad. Como agradecimiento, el obispo de Zaragoza regaló una reliquia del santo a Childeberto, y este mandó construir en París una iglesia para custodiarla, bendecida por el mismo san Germán. Con el tiempo, ese templo pasará a llamarse Saint-Germain-des-Prés, en honor a nuestro santo. En la actualidad es la iglesia más antigua de la capital francesa.
Sin embargo, los años de Germán en París no fueron tan fáciles. A la muerte del rey se desató una violenta disputa entre sus hijos y nietos, ávidos de ocupar el trono. El territorio de París cayó en manos de Chariberto, nieto de Childeberto, que llevó un estilo de vida totalmente contrario al de su predecesor. Hundido en el escándalo, incapaz de serle fiel a su esposa legítima, Germán se vio obligado a excomulgarle con la esperanza de su conversión, algo que sin embargo nunca ocurrió.
Los años siguientes fueron testigo de disputas y asesinatos entre miembros de la familia real, una situación a la que Germán no pudo llevar algo de paz. Moriría en 576, siendo enterrado en la abadía de San Sofronio. Años después, sus restos fueron trasladados a Saint-Germain-des-Prés, en presencia de un jovencísimo Carlomagno, el monarca francés que puso años más tarde los fundamentos de la cristiandad.
El París Saint Germain F. C., el equipo de moda en el fútbol europeo, que disputará la final de la Champions League contra el Arsenal F. C. el 30 de mayo, tiene relación con el santo que nos ocupa. Nació en 1970 como fusión del Paris Football Club y Stade Saint-Germain, este último el equipo de la comuna de Saint-Germain-en-Laye, cercana a la capital francesa. Este lugar fue la residencia habitual de los reyes de Francia hasta que Luis XIV trasladó la corte a Versalles.
El rey Roberto el Piadoso fundó 19 kilómetros al oeste de la capital, en torno al año 1000, una abadía dedicada a san Germán de París, cuya devoción ya era muy popular en la región.
La Revolución francesa intentó cambiar el nombre de la comarca arrancando toda referencia cristiana, pero no lo consiguió. El tiempo pasó y fueron muchos los elementos de la vida de sus habitantes que tomaron el nombre de san Germán, incluido el club de fútbol local. Ahora, los deportistas que llevan por todo el mundo el nombre del que fue obispo de París tendrán una nueva ocasión de hacerlo el próximo sábado durante la final de Champions League.