21 de mayo: san Eugenio de Mazenod, el niño rico que quiso llevar a Dios a los pobres - Alfa y Omega

21 de mayo: san Eugenio de Mazenod, el niño rico que quiso llevar a Dios a los pobres

La Revolución francesa marcó la biografía del fundador de los Oblatos de María Inmaculada. Quiso que los suyos predicaran al pueblo en su propia lengua

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Una foto del santo en la última etapa de su vida.
Una foto del santo en la última etapa de su vida. Foto: Wikimedia Commons / Omiworld.

Se dice que cuando vienen las desgracias, o te hundes o aprendes. San Eugenio de Mazenod eligió lo segundo, y lejos de hundirse quiso llevarse con él a muchos al cielo. Nació en 1782 en una familia de la alta alcurnia francesa, en los años anteriores a la Revolución francesa. Su padre y su abuelo fueron presidentes del Tribunal de Cuentas del Parlamento de Provenza, mientras que su madre pertenecía a la pujante burguesía del país. Por todo ello, su familia estaba en el punto de mira de los revolucionarios que tomaron Francia a partir de 1789. Los Mazenod tuvieron que salir deprisa del país y recalaron en Italia, quedándose allí donde podían encontrar cobijo, tal como hacen hoy muchos refugiados políticos en todo el mundo.

El niño experimentó este cambio de vida a los 8 años, y durante los once siguientes conoció las ciudades italianas de Turín, Venecia, Nápoles y Palermo. Su padre comenzó algunos negocios pero sin éxito, por lo que la familia fue cayendo poco a poco en la miseria. En este período difícil de su vida le ayudó la providencial figura de Bartolo Zinelli, un sacerdote cercano que le ayudó a confiar en Dios en toda circunstancia.

En 1802, pasados los estragos revolucionarios, pudo volver a Francia. Recuperó el estatus y la fortuna de su familia, y se dedicó a buscar entre las jóvenes de su edad una prometida con la que construir su futuro. Encontró a esa joven, pero cuando más felices se las prometía, la chica falleció. Eso hizo a Eugenio replantearse su vida entera a la luz de aquello que había aprendido de Zinelli, decidiendo entonces entrar en el seminario de San Sulpicio en París. Finalmente, fue ordenado sacerdote en Amiens, en diciembre de 1811.

Con la posición de su familia, Eugenio podría haber ascendido deprisa en la carrera eclesiástica, pero él no quiso. El obispo de Amiens lo llamó a su lado como vicario general cuando el joven aún tenía la L como neosacerdote a la espalda, pero él rechazó la oferta. En su lugar, pidió ejercer el ministerio en Provenza y dedicarse a los pobres, a quienes había conocido de cerca cuando su familia cayó en desgracia. Además, la revolución había empobrecido al pueblo también en un sentido espiritual, por lo que se propuso «despertar la fe a punto de extinguirse en el corazón de muchos», como gustaba decir.

Bio
  • 1861: nace en Aix-en-Provence.
  • 1790: su familia tiene que huir de Francia.
  • 1811: es ordenado sacerdote.
  • 1826: el Papa aprueba su congregación.
  • 1861: muere en Marsella.
  • 1995: es canonizado por Juan Pablo II.

Pronto se dio cuenta de que era una tarea ingente para una sola persona. En 1816 dio impulso a la Sociedad de los Misioneros de Provenza. La intención de Mazenod era crear una compañía de sacerdotes que vivieran juntos «como hermanos» y estuvieran «consagrados a predicar a los pobres». Lo hacían en provenzal, la lengua de la gente común, en misiones populares centradas sobre todo en el ámbito rural. Eugenio fue directamente al Papa para pedir la aprobación de la nueva realidad. Y así, en 1826, nació la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada.

Los 35 años siguientes los dedicó a guiar la labor de aquellos hombres. Predicación, trabajo con jóvenes, atención de los santuarios, capellanías de prisiones, confesiones, dirección de seminarios, parroquias: en todo trabajaban con tal de llevar a muchos a Dios. Pero su misión no se limitó a ser superior de los oblatos: en 1832, su tío Fortunato fue nombrado obispo de Marsella y encargó a su sobrino la reconstrucción de una diócesis arrasada por la revolución. Al morir Fortunato en 1837, la Santa Sede le eligió para regir esta misma diócesis, una responsabilidad que compaginó con la que tenía al frente de la congregación.

Hacia el final de su vida vio con satisfacción cómo sus hombres se expandían por países de misión, mientras en el suyo luchaba por que el Estado reconociera la educación religiosa de sus súbditos. Murió finalmente el 21 de mayo de 1861, después de pedir: «Si me adormezco, despertadme, quiero morir sabiendo que muero».