La UNESCO acaba de retirar la basílica de la Natividad de Belén de su lista de edificios en peligro. Hablamos de uno de los templos cristianos en uso más antiguos del mundo, una iglesia paleocristiana construida en el siglo IV por orden de Constantino sobre la cueva donde nació Jesucristo. Hablamos, por tanto, de la cuna del cristianismo, un lugar donde también existen conventos e iglesias, campanarios y jardines de fuerte sabor cristiano y, además, la ruta de peregrinación que siguió la Sagrada Familia desde Nazaret para empadronarse en Belén.

El templo de la Natividad se encuentra a diez kilómetros de Jerusalén y para visitarla debe cruzarse el muro que separa Israel de Cisjordania. El viaje, aunque corto, impresiona, porque evidencia la separación entre comunidades, por más que Israel pueda justificar su construcción debido al terrorismo islamista.

La decisión de la UNESCO supone un reconocimiento a siete años de restauración y conservación en el que han participado varios estados y empresas, así como personas que han ayudado económicamente y con sus oraciones. La basílica de Belén había entrado en esa lista negraen 2012 a petición de la Autoridad Nacional Palestina con el respaldo de todas las iglesias cristianas (católicos, ortodoxos, armenios, sirios…). Ese año, la basílica había llegado a un gravísimo estado de degradación después de graves infiltraciones de agua y décadas sin mantenimiento debido a las disputas entre los diferentes credos. Parece increíble, pero así ocurría.

Además de mosaicos, columnas y pinturas, la reconstrucción se centró en las fachadas de piedra, la ebanistería y la entrada principal –el narthex–, cerrada durante muchos años. Debido a esto, el acceso debía hacerse por una pequeña puerta de metro y medio en la que uno debe agacharse para acceder. Un gesto muy teológico: bajar la cabeza para entrar en el santo lugar donde Dios se hizo hombre.

A partir de esta reconstrucción se ha diseñado un plan de conservación de la parte vieja de Belén. En especial, las plazas de la Natividad y la del Pesebre, que se ha librado por poco de que la perforen para construir un túnel que aligere el tráfico. El objetivo es recuperar el casco antiguo y que retornen los habitantes y tenderos que siempre han vivido en ese lugar, pero que lo abandonaron debido a la violencia. En 2002, sin ir más lejos, la basílica estuvo ocupada durante 39 días por terroristas palestinos que tomaron como rehenes a varios monjes que vivían en la Natividad. O esa fue la versión israelí. Como casi todo en Tierra Santa, hay varias versiones.

La Natividad es un templo siempre amenazado. Se cuenta que los persas, que en el 614 asolaron Palestina, respetaron el templo belemita al encontrar en su interior un mosaico donde los Reyes Magos aparecían vestidos a la usanza persa. Igualmente, el templo sobrevivió a la violenta incursión del califa egipcio El Hakim en Tierra Santa, en el año 1009, así como de los furiosos combates de los Cruzadas en 1099.

En el siglo XXI, la basílica de Belén renace una vez más. Dispuesta a recordarnos que la historia de la Salvación comenzó en aquel lugar hace dos milenios.

Ignacio Uría @Ignacio_Uria