Para aprovechar bien nuestro mayor patrimonio cultural. El Camino de Santiago es Cristo - Alfa y Omega

Para aprovechar bien nuestro mayor patrimonio cultural. El Camino de Santiago es Cristo

El Camino de Santiago es el tesoro patrimonial por excelencia de la Iglesia en España, pero a nadie se le escapan los intentos de colonizarlo por parte de las más estrambóticas expresiones de la nueva era. Entre las Administraciones y las empresas empeñadas en sacarle el máximo provecho económico, y la reducción gnóstica del Camino a itinerario esotérico y pseudomístico, la verdadera esencia del Camino pide ser rescatada

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Las monjas agustinas del monasterio de la Conversión, con los peregrinos, en Carrión de los Condes (Palencia).

El Camino de Santiago es una inmejorable oportunidad para la evangelización, una herramienta apostólica que no puede ser desaprovechada por las diócesis que recorre. Así lo ha entendido, desde hace muchos años, don José Ignacio Díez, a quien llaman el cura de Grañón, una pequeña parroquia a pocos kilómetros de Santo Domingo de la Calzada. Tanto allí, entonces, como en su destino actual, la iglesia de Santiago el Real, en Logroño, ofrece a los peregrinos algo distinto de lo que se encuentran en otros albergues del Camino. Después de una calurosa acogida, por la noche se hace una cena en común, en la que todos comparten los alimentos, para luego pasar al coro de la iglesia a hacer la oración de la noche, algo que para muchos es su primer contacto con Cristo vivo en su Iglesia. Allí, en el coro, una obra del siglo XVII que cobra vida para esta ocasión, hacen la oración: «Casi a oscuras, con la única luz del retablo, hacemos un rato de silencio y un balance del día, y damos gracias y pedimos perdón a Dios por todo lo que nos ha sucedido en ese día. Después, rezamos Completas, en varios idiomas, cada peregrino en su propia lengua. Y luego terminamos con unas palabras en las que recordamos el sentido profundo de la peregrinación», explica don José Ignacio. Esta sencilla experiencia es, para muchos, el mejor recuerdo de su Camino a Santiago.

Necesitamos un Camino de Santiago cristiano

A más de 200 kilómetros de allí, en Carrión de los Condes (Palencia), las religiosas agustinas del monasterio de la Conversión acogen a los peregrinos en el albergue de la parroquia de Santa María. Quien hace noche en su casa no sale igual que entró el día anterior. La Hermana Carolina forma parte de esta pequeña comunidad, que ofrece a los peregrinos «una acogida cristiana». Para ello, les invitan a participar de su vida de oración, haciendo experiencia, durante unas horas, de la alegría de estar unidos en Cristo: «Es un encuentro muy fugaz, pero para muchos es una gracia de encuentro con Dios»; tanto, que muchos vuelven al cabo de un tiempo para llevar una vida de fe acompañados por la comunidad de religiosas. Incluso dos de ellas son peregrinas que en su día volvieron para unirse a la comunidad. Pero hay más: familias enteras que han quedado tan enganchados con lo que aquí se vive que vuelven todos, padres e hijos, para trabajar como hospitaleros todos los veranos. Y todo porque, como explica la Hermana Carolina, en esas pocas horas «rezamos todos juntos y hacemos un camino de fe; existe un ambiente de fraternidad y de encuentro, todos compartimos lo que tenemos y cenamos juntos. Al marcharse, los despedimos con un mensaje religioso, que Dios los acompaña, que Dios es amor y va contigo en la vida: Él es tu compañero de Camino, la estrella que buscas». Por eso, no duda en hacer una petición urgente: «Necesitamos que el Camino de Santiago tenga unos cristianos comprometidos, que hagan una acogida cristiana, una acogida en nombre de Jesús. Hay veces que, en el Camino, la Iglesia no tiene visibilidad; muchos llegan diciendo que no encuentran las iglesias abiertas, o que les resulta imposible encontrar un sacerdote para confesarse».

Para que Dios no se quede fuera

Siguiendo el Camino hacia Santiago de Compostela, bien pasado Burgos, el peregrino puede hacer noche en la parroquia de Tosantos, en la que un laico, don José Luis Antón, hace del albergue un oasis en el que «ofrecemos alimento para el cuerpo y para el alma». Después de varias décadas como peregrino y hospitalero, José Luis reclama «volver a los orígenes de la peregrinación cristiana», y subraya que «el Camino de Santiago no es senderismo». Cuenta con pena que el Camino se ha transformado, en muchas ocasiones, «en algo relacionado con el esoterismo, con las energías, con una espiritualidad que no es cristiana…, y Dios se ha quedado fuera. Me han llegado a decir que los católicos nos habíamos apoderado de un Camino anterior a Santiago, y nos acusan de haberlo cristianizado». Señala también que «hay guías de peregrinación que dicen que Santiago de Compostela es una etapa más del Camino, y que el verdadero fin es Finisterre, lo mágico, lo esotérico». Y lamenta: «Parece que la Iglesia ha estado pasiva ante todo esto. No sé que le ha pasado a la Iglesia; no estamos organizados, estamos desperdigados por el Camino sin un hilo que nos una».

Sin embargo, el Camino sigue cambiando la vida de muchos. Desde su albergue —en el que también se hace una profunda vida de oración y fraternidad—, José Luis ha sido testigo de grandes conversiones. «En nuestro pequeño oratorio -relata-, una chica pidió perdón a su hijo por haberlo abortado. Otro matrimonio se lamentaba de no poder tener hijos, y yo les animé a pedírselo al Señor durante el Camino; hace unos días, sonó el teléfono: Te llamo para darte las gracias —me dijo el padre—. ¡Tenemos un hijo que ha nacido hace 15 días! ¡Escucha como llora!, y me lo puso al teléfono. Y otro chico vino aquí y, poco a poco, empezó un camino de conversión: , ni siquiera había hecho la Primera Comunión, ¡y hoy es seminarista! Y hay cola para volver aquí de hospitalero».

Porque cuando está Cristo, la vida cambia de verdad. Sólo hay que ponérselo fácil a todos aquellos que hacen el Camino de Santiago. Para que se vuelvan con algo más que con una credencial llena de sellos.