No es verdad 797 - Alfa y Omega

Así vio el humorista catalán Jordi Labanda la vuelta del descanso veraniego y el comienzo del nuevo curso: los que han podido descansar, y los muchos millones de españoles que lamentablemente no han podido hacerlo, nos enfrentamos a un otoño que va a ser verdaderamente no caliente, sino hirviente. A los problemas que el niño de la viñeta que ilustra este comentario presenta al padre asustado podrían añadirse muchos otros más y de todo orden: manifestaciones, intolerables exigencias nacionalistas, amenazas de referéndum, elecciones anticipadas, avisos sindicales, ofensiva sin pudor de la oposición socialista, agenda económica internacional y movilizaciones de todo tipo, mientras el sufrido españolito de a pie se encuentra con el IVA más alto, la cesta de la compra más cara, los transportes más acuciantes; y, sobre todo, mientras una especie de desaliento social generalizado parece predominar y reflejarse en los diversos medios de comunicación. Por si fuera poco, y por si el patio no estuviera como está, el partido gobernante empieza a mostrar signos de desunión. Pocas veces ha sido más evidente lo difícil e incomprensible que es comunicar con eficacia, a la vez, una cosa y la contraria. El señor Presidente del Gobierno de España, en la entrevista a ABC, ha declarado: «Soy consciente de que no cumplimos nuestro programa; absolutamente consciente, pero quien me lo ha impedido es la realidad». ¿Quiere decirnos don Mariano Rajoy que la realidad está consiguiendo que el Partido Popular sea impopular? La realidad es también que podría haber tomado otras medidas. En esa misma entrevista ha declarado también: «Es difícil encontrar un Gobierno que, en ocho meses, haya hecho tantas cosas». Y es verdad, ciertamente; pero cada día son más los que fuera, y aun dentro, del propio partido se preguntan si todas esas cosas que han hecho las han hecho bien, o las podían haber hecho mejor. Ejemplo al canto: la ley dice que un sujeto tan miserable e indeseable como el etarra Bolinaga podrá ser excarcelado a causa de su enfermedad terminal, no que deberá ser excarcelado. Es un simple botón de muestra.

Ignacio Camacho ha escrito, también en ABC: «Con una izquierda convaleciente, el problema esencial de este Gobierno reside en la confianza de sus propios electores». Esa izquierda, además de convaleciente, está insufriblemente pretenciosa e incoherentemente prepotente. Sin ir más lejos, ahí tienen ustedes a don Alfonso Guerra cacareando en Rodiezmo que el Gobierno del PP «tiene legitimidad de origen, pero no de ejercicio». ¿Acaso pretende hacer olvidar los funestos años de ejercicio del poder del partido socialista con Zapatero al frente? Porque eso sí que fue perder la legitimidad de ejercicio. ¿Acaso creen que sacando pecho y echándole toda la culpa de lo que está pasando al Gobierno actual, a la gente sensata se les va a olvidar lo que ellos hicieron, que es la causa verdadera de todo lo que está ocurriendo? Cierto que al PP habrá que empezarle a pedir responsabilidad, porque va a cumplir un año en el poder, pero a nadie se le olvida ni el 11M, ni el diálogo con ETA, ni los ERE, ni el caso Faisán, ni todas las insensateces, dispendios y derroches del Gobierno anterior.

Algún comentarista ha preguntado si no ha notado la gente, este verano, una especie de fatalismo. Sería verdaderamente letal que la sociedad española se dejase ganar por el pesimismo y el desánimo. A estas alturas de la película, y a pesar de las cuadrillas de delincuentes de todo jaez que abundan, si algo está meridianamente claro es que sólo un ejercicio de sensatez, de sentido común, de responsabilidad, de tenacidad, puede sacarnos del pozo en el que nos han dejado caer. Esperarlo todo de Europa es una ingenuidad manifiesta. José María Carrascal se preguntaba hace poco: «¿Quién va a prestarnos dinero si aquí se asaltan supermercados como si fuera una acción social?». Y Luis Ventoso ha escrito, bajo el título Una enfermedad moral: «Algo falla en una sociedad que dio 276.000 votos a un partido que convierte en héroe a un matarife…» De todo esto ya tendremos ocasión de ir hablando, pero no nos vaya a pasar lo que a Cristiano Ronaldo, que lo tiene todo, o casi todo, y está triste. ¡Pobriño!