Monseñor Fidel Herráez, Consiliario de la ACdP: La esperanza no es un tranquilizante, sino un compromiso - Alfa y Omega

Monseñor Fidel Herráez, Consiliario de la ACdP: La esperanza no es un tranquilizante, sino un compromiso

Redacción

«El porvenir de la Humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar», afirma la constitución conciliar Gaudium et spes, citada por el obispo auxiliar de Madrid y consiliario de la ACdP, monseñor Fidel Herráez, en la inauguración del XV Congreso Católicos y Vida Pública.

«Sabemos que la fe no nos garantiza éxito en nuestros proyectos», añadió. La esperanza cristiana no nos ofrece «la seguridad de que vayamos a superar la crisis, ni nos dota de las ideas y de los recursos naturales para transformar la realidad como desearíamos. También aquí hay que dar al César lo que es del César. Pero eso no significa que el ser humano sea ajeno a la fe-esperanza, y que ésta no ejerza ningún influjo sobre él y sobre la realidad que lo envuelve. Al contrario: la fe cristiana y la esperanza humana de la fe pueden transformar radicalmente la forma de enfrentarnos con la realidad para comprometernos en la construcción de un mundo mejor para todos».

«La esperanza cristiana —dijo— se tiene que encarnar en la Historia como una fuente de solidaridad y compromiso». Porque «la esperanza cristiana no es una virtud pasiva, sino activa; no es un tranquilizante, sino un detonante; no es una mera expectación, sin compromiso; no es evasión, sino estímulo; no es optimismo superficial, sino capacidad realista para ver la, a veces dolorosa, realidad y confiar al mismo tiempo en la fuerza de Dios que sigue pasando por nuestra Historia».

Es así como los cristianos, con nuestro modo de obrar, «transmitimos esperanza en nuestros ambientes, pequeños o grandes». Hoy el contexto es difícil, reconoció el prelado, que comparó la presencia en el mundo de los católicos hoy con la imagen de Pedro caminando sobre las aguas. Vivimos en una «sociedad líquida, que cambia constantemente, que no mantiene por mucho tiempo una misma forma, pero ése es nuestro mundo», así que «tendremos que aprender a vivir sobre esas aguas», afirmó el consiliario. Así, como suena. «Nuestra debilidad no procede muchas veces de la magnitud de los obstáculos exteriores, sino de la fe titubeante y de la esperanza pusilánime», advirtió.