Lo que aprendí de los moribundos: «No te olvides de vivir» - Alfa y Omega

Lo que aprendí de los moribundos: «No te olvides de vivir»

El diácono permanente César Cid presenta en Madrid 34 historias de acompañamiento en el final de la vida

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto: Fotolia

Este lunes 8 de mayo, a las 19 horas, en el Club Kolima, de Madrid, se presenta el libro Mientras vivías. Historias de acompañamiento al final de la vida (Kolima Books), escrito por el diácono permanente César Cid, en un acto en el que participarán la psicóloga Alejandra Vallejo-Nájera, y el músico y escritor Chema Vílchez. «Son historias de personas que he acompañado, textos profundos sobre el morir, sobre la relación entre el enfermo, Dios y yo»

¿Cómo te fuiste metiendo en esto de acompañar a los enfermos cercanos a la muerte?

Estoy en esto porque me ha llamado el Señor. Yo empecé a trabajar en la radio muy joven, y después en televisión y en Internet. Mi vida cambió a raíz de su conversión, y a partir de ahí comencé a trabajar como voluntario en hospitales. Empecé poco a poco a descubrir mi vocación de ayudar a la gente a morir, y llega un momento en mi vida en que lo descubro clarísimamente. Hoy lo que quiero es ser una astilla en la barca de Cristo para acompañar a morir y hacer posible el encuentro con Él.

Foto: Archivo personal de César Cid

¿Qué has descubierto durante todos estos años, tan cerca de la muerte?

No me gusta hablar de muerte, prefiero hablar de acompañar la vida hasta el último suspiro. Ahora que se habla tanto de la muerte digna, del derecho a morir, etc., yo no quiero hacer una oda a la muerte, ni tampoco una confesión de fe, sino mostrar cómo es la experiencia de Dios de un enfermo antes de morir, que la hay y en ocasiones es muy bella.
Este tema suele dar mucho miedo…

Acompañar es muy duro pero a mí me hace muy feliz. De todos modos creo necesario hablar de todo esto sin miedo, acompañar al enfermo sin miedo. Y en la Iglesia tenemos que aprender a atender el sufrimiento no solo dando sacramentos, porque que se ha hecho una pastoral muy sacramentalizada. No se trata de ir un día, dar un sacramento y volver a la semana siguiente; es estar horas y horas con el enfermo y con su familia, creando un vínculo personal, verdadero. Muchas personas lo que tienen es miedo a la soledad, no a la muerte, y nosotros tenemos que transformar ese miedo en la confianza de caer en los brazos del Padre. No hay que tener miedo a la muerte, y un cristiano mucho menos.

¿Qué paciente te ha enseñado más?

Me acuerdo siempre de Esperanza. La conocí en una época de mi vida en que tenía mucha ansiedad, y ella siempre me decía: «No te olvides de vivir». También he aprendido que la vida, a pesar de las limitaciones que podamos padecer, tiene sentido, y no podemos dejar de vivir. Se puede ser inmensamente feliz sin dinero y sin salud física o mental. Tú puedes decidir cómo vivir tu situación de manera completamente feliz.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo