La proclamación del Evangelio pasa por aceptar el cambio de paradigma comunicativo, en el que ganan fuerza los contenidos visuales, adaptados a un mundo fragmentado. El reto comunicativo exige ser intrépidos, dejado atrás el miedo y abrazando la confianza creativa. Un ejemplo de ello es la iniciativa El Vídeo del Papa

«¡Tenemos tanto que hacer, y debemos hacerlo juntos!». Esta fue una de las ideas lanzadas por el Papa Francisco a los participantes del Congreso TED el 25 de abril de 2017, recibidas a través de un videomensaje de modo instantáneo por las casi 2.000 personas congregadas en el auditorio de Vancouver. A partir de entonces, sin embargo, este pequeño corte audiovisual ha sido visto más de tres millones de veces y ha sido traducido a 32 lenguas. ¿Podría imaginar esto Pío XII cuando realizó su primer mensaje televisivo, en 1949? Seguramente no, como tampoco habríamos podido dibujar el presente de la comunicación hace tan solo unos años.

La Iglesia es comunicación en su más pura esencia. «Id a todo el mundo y anunciad el Evangelio» (Mc 16,15), nos dijo Jesús. Y desde que esa misión nos fue encomendada, nuestra relación con los medios de comunicación ha dejado escrita una particular historia, desde la imprenta hasta las redes sociales, desde Radio Vaticana hasta Instagram. En estos años, la Iglesia ha pasado de mirar a los Medios con cautela a considerarlos un apostolado imprescindible. En gran parte a raíz del Concilio Vaticano II, los medios han dejado de ser portadores de amenazas para convertirse en aliados; han dejado de parecer un instrumento para ser vistos como signo y espacio de una cultura que expresa, con otros lenguajes, los anhelos más íntimos del ser humano, a la espera de una respuesta desde el Evangelio.

Emprender un proyecto audiovisual hace tan solo unas décadas era sinónimo de una gran inversión económica y humana, lo que, unido a otros factores, provocó que la Iglesia no despuntara en este ámbito como sí lo había hecho en la prensa o en la radio. Sin embargo, la llegada de internet y la sociedad digital han abierto, también para ella, nuevos e insospechados escenarios de comunicación. Un ejemplo de ello es El Vídeo del Papa, que cada mes difunde las intenciones de oración del Santo Padre en un formato fresco y novedoso. Esta iniciativa es el fruto de la actualización de la Red Mundial de Oración, asociación que tuvo su origen hace 175 años y que hoy es ya obra pontificia. Lo que antes llegaba a un grupo reducido de personas mediante intenciones escritas y difundidas en múltiples publicaciones impresas, se ha convertido en un proyecto audiovisual pionero. En un minuto, estos vídeos llevan al bolsillo de hombres, mujeres y niños de los cinco continentes un mensaje directo en el que el Papa invita a cada uno, en primera persona, a rezar junto a él por una causa distinta cada mes.

Así, a través de su propia web o la red social YouTube, Francisco nos habla de tú a tú a cada uno de nosotros. Aunque no es propiamente un youtuber (ya que prescinde de la necesaria interactividad con el público en esta red social), la presencia del Papa en esta plataforma de vídeo le hace cercano a los más jóvenes, tendiendo puentes hacia personas alejadas, también en el plano religioso. Porque El Vídeo del Papa conjuga la sencillez del vídeo elaborado para el entorno digital, que presenta al Pontífice en un entorno cotidiano, dirigiéndose a cámara tras su mesa de escritorio, con la potencialidad del lenguaje visual y sonoro para comunicar lo transcendente. Imágenes de recurso, rostros de diferentes culturas o incluso pequeñas historias dramatizadas componen la narrativa audiovisual de estos clips que, a modo de parábolas actuales, hace concretas y cercanas realidades intangibles. Las peticiones del Papa sobre el cuidado del medio ambiente, la atención a los pobres o la dignidad de la mujer son traducidas así en una llamada directa al espectador, que es nombrado de tú, y que encuentra en imágenes y sonidos las preguntas: «¿qué tiene esto que ver conmigo?»; «¿en qué me afecta?»; «¿qué puedo hacer yo?».

La combinación del valor expresivo de Francisco con la historia visual y sonora, producida profesionalmente y difundida a través de multiplataforma, hace que el resultado sea un valioso ejercicio de comunicación eclesial.

Son muchas las posibilidades del medio audiovisual para la Iglesia. La proclamación del Evangelio hoy pasa por aceptar el cambio de paradigma comunicativo, en el que ganan fuerza los contenidos visuales, adaptados a un mundo fragmentado. El reto comunicativo exige ser intrépidos, hablar a la sociedad en los lenguajes que le son propios, aprovechar la comunicación en dos direcciones y apostar por jóvenes y laicos. Solo recorriendo este camino, que ha dejado atrás el miedo y abraza la confianza creativa, podemos demostrar que el mensaje de Jesús es integrador y responde eficazmente a los desafíos actuales.

Ana Medina
Portavoz de la diócesis de Málaga
Autora de La Iglesia y la alegría de comunicar. El Vídeo del Papa como ejemplo de comunicación al servicio de una cultura del encuentro (ed. Diócesis de Málaga)