La bondad - Alfa y Omega

Alguien ha escrito que hay tres tipos de personas sin las cuales el mundo, como decía Bernanos, comenzaría a tiritar: las personas buenas, las personas humildes y las sabias. Una de las facetas más características de Jesús de Nazaret era la bondad. Bondad traducida en pasar siempre haciendo el bien, también a los pecadores. .

He dado vueltas estos días a este pensamiento después de escuchar a uno de los detenidos del processing center decir que «uno de los oficiales de la Patrulla Fronteriza me salvó la vida en el desierto». En los tiempos que vivimos, en los que se demoniza tanto a inmigrantes como a agentes, yo mismo he mirado con cierta antipatía a las personas que cumplen su trabajo de vigilar la frontera. Me he enfurecido al ver imágenes de algunos agentes que usaban su uniforme y su poder para amedrentar a los detenidos. Pero, gracias a Dios y a pesar del ruido que hacen esos hechos negativos, son muchísimos más los que realizan su trabajo con profesionalidad e incluso con bondad. No debe de ser fácil hacer cumplir la ley y mirar a los ojos de quien arriesgó su vida en el desierto buscando una mejor vida para su familia. Siempre habrá policías buenos y policías malos, abogados buenos y abogados sin escrúpulos, maestros buenos y maestros sin vocación. Sacerdotes serviciales, y sacerdotes que abusan y explotan a sus ovejas corriendo cuando el lobo las ataca. No importa el uniforme que cubra tu piel, puedes seguir siendo bondadoso, porque la bondad habita en el corazón. Y puedo asegurarlo porque conozco y me honro con la amistad de algunos oficiales que asisten a mi parroquia.

Hoy, antes de celebrar la Eucaristía para los detenidos, una muchacha me entregó una carta de una compañera a la que habían concedido asilo para que la leyera en alto. Dice así: «Quiero agradecer la labor que hace en este centro de detención, donde muchas de nosotras nos sentimos muy solas. Estuve aquí cuatro meses y, a pesar de todo, me siento agradecida con Dios por ponerme aquí, pues me enseñaron muchas cosas buenas. Lo más doloroso era pensar en mis hijos y en los que les pudiera pasar. Por las noches me sentía perdida, pero Dios nunca me soltó de su mano. Hoy quiero despedirme de todas ustedes por medio del padre José Luis. Les deseo la mejor de las suertes. Sea cual sea, dejen que Dios guíe su vida. También me gustaría agradecer a los miembros de seguridad que nos han tratado con respeto, como personas que somos. A la doctora y a todos los que de alguna forma han hecho que nuestros días en el centro de detención sean menos tristes. Sean bondadosas unas con otras. Que Dios las bendiga».

José Luis Garayoa
Agustino recoleto. Misionero en Texas (EE. UU.)