La basílica romana del cardenal Omella en la que se conservan las reliquias de la crucifixión

El arzobispo de Barcelona toma posesión este domingo de la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, estrechamente ligada a santa Elena –madre del emperador Constantino– y a las reliquias de la crucifixión de Jesús

José Calderero de Aldecoa
Basílica Santa Cruz de Jerusalén, en Roma. Foto: Archimadrid

El arzobispo de Barcelona toma posesión este domingo de la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, estrechamente ligada a santa Elena –madre del emperador Constantino– y a las reliquias de la crucifixión de Jesús

Cuando el Papa Francisco creó cardenal a monseñor Juan José Omella el 28 de junio de 2017, al arzobispo de Barcelona le fue asignado el templo romano Santa Cruz de Jerusalén. Este domingo 21 de enero el cardenal catalán tomará posesión de la iglesia en el transcurso de una solemne celebración de la Eucaristía.

De esta forma, Omella se convertirá en el titular de esta basílica que está estrechamente ligada a santa Elena, su hijo –el emperador Constantino– y a las reliquias de la crucifixión de Jesús.

En el año 326 la emperatriz Elena viajó hasta Tierra Santa. No quería morir sin antes haber rezado en el lugar en el que Jesús dio su vida por la salvación del mundo.

Pero su periplo también estuvo motivado por el afán por encontrar la cruz de Cristo. «He aquí el lugar de la batalla, pero ¿dónde está el trofeo de la victoria? ¿Yo estoy en un trono y la cruz del Señor enterrada en el polvo? ¿Yo estoy rodeada de oro y el triunfo de Cristo entre las ruinas? Veo que has hecho todo o posible, diablo, para que fuese sepultada la espada que te ha reducido a la nada», se preguntaba la madre de Constantito según relata san Ambrosio.

La emperatriz logró encontrar el Lignum Crucis y se llevó algunos fragmentos a Roma junto con uno de los clavos usados en la crucifixión.

Elena conservó estas reliquias en su residencia habitual, el palacio Sessorium, que años después, por orden de Constantino, se convirtió en basílica. Para su construcción se utilizó tierra del Gólgota y, una vez finalizadas las obras, se expusieron la cruz y el clavo para poder ser contemplados por los fieles.

Posteriormente, a estas reliquias se le añadieron otras, como la tabla en la que estaba escrita la causa de la condena o algunas de las espinas de la corona que clavaron a Jesús en la cabeza.

Por todo ello, el templo se convirtió en lugar de peregrinación y se le empezó a conocer como Sancta Hierusalem. El aspecto actual del templo ahora asignado al cadenal Omella data del siglo XVIII. Los arquitectos Pietro Passalacqua y Domenico Gregorini, por encargo del Papa Benedicto XIV, cardenal titular de Santa Croce, modificaron el interior y el exterior de la basílica, construyeron un atrio elíptico y reemplazaron la fachada medieval.

J. C. de A.