«Hay un hambre enorme de Dios»

Miguel Aranguren publica J. C. El sueño de Dios (Homo Legens)

José Calderero de Aldecoa

¿Cómo surgió el proyecto?

Todo se inició en una visita a un centro de formación profesional de adolescentes. El capellán me hablaba en general de la situación de la juventud y me decía que uno de los rasgos principales de esta generación es el paganismo, no visto como una cosa negativa sino como una realidad objetiva. Es decir, España ha pasado de ser un país cristiano, con una mayoría de población bautizada, a unas generaciones en las que sucede justo todo lo contrario. Y este sacerdote, sin embargo, me decía que hay un hambre enorme de Dios.

Poco después fue la JMJ de 2011 con Benedicto XVI, y esto me hizo ver que en efecto era así. No había ninguna razón explicable para que en el mes de agosto, con el calor que hace en Madrid y los pocos alicientes que puede haber, medio millón de jóvenes de todo el mundo viniesen a ver a un anciano. Y ese fue de alguna manera el golpe final.

Aquel capellán, me dijo: «Mira, a estos jóvenes les hace falta una novela que hable de Jesús, un libro con un lenguaje distinto a todo lo que hay». Después, me desvinculé un poquito de lo que podría llegar a ser una novela juvenil. Dejé que fuera el libro el que me fuera pidiendo el tipo de lenguaje y el contenido. Al final, la novela es una novela para todo tipo de lectores.

Creo que ya le ha llegado feedback…

Con las nuevas tecnologías pasa una cosa curiosa, que el lector tiene contacto directo con el escritor: te mandan un email, te contactan por redes sociales… y me llegan cada día unos comentarios que son, honradamente, conmovedores.

Lo que estoy percibiendo es justamente lo que soñaba que podría llegar a pasar, que para el lector supusiera un encuentro novedoso con el Evangelio. Me he encontrado con gente que una vez que terminaba el libro, lo volvía a empezar a leer. Nunca me había pasado.

Ayer mismo me decía una lectora que el ritmo de la novela le empujaba a leerla de golpe pero, sin embargo, necesitaba parar a cada momento para recrear internamente la historia. Otra, me decía que después de leer el libro se quería parecer a María y a José.

¿Esto es lo que buscaba al escribir la novela?

Me preguntaba cómo podía comunicar a tantísima gente alejada de Dios, o que Dios no ocupa un lugar importante en su vida, un mensaje y una vivencia que ha cambiado la existencia de millones de personas. Por eso me lancé a escribir la novela.

Luego, la propia composición de la novela va matizando esas ideas iniciales. Al final, me encuentro que es un libro que tanto a personas creyentes como no creyentes les genera un impacto, y eso es un regalo constante para mí.

Es decir, un libro para católicos y no católicos.

Exacto. No deja de ser una novela, incluso una novela que podríamos catalogar de histórica porque lo que hace es recrear unos momentos concretos de la historia de la humanidad y parte de la vida del personaje más importante que ha nacido en la tierra. Y las novelas tienen un público universal.

Además, me doy cuenta de que el principal personaje de la historia es capaz de hablar al corazón de cada personas y que, de alguna manera, está por encima de la contingencia del tiempo. Jesús no se quedó detenido en un momento concreto de la historia sino que vive, que es lo que los cristianos estamos persuadidos de que es la verdad, y puede hablar al corazón del hombre utilizando a veces herramientas tan pequeñas como podría ser esta novela.

¿Y qué le dice al corazón del autor?

La novela está escrita desde el foco de un narrador omnisciente. Yo no me atreví a arrogarme aquí ninguna primera persona. Es un narrador que es un observador y, por lo tanto, mi papel ha sido entrar en esa historia tan conocida, tantas veces relatada a base de pequeños pasajes, tratar de hilarla de una manera cronológica… Entonces, observando, la verdad es que he llegado a conocer de primera mano lo que era la vida íntima, en concreto, de la Sagrada Familia.

Es importante decir que esta novela habla de mi Jesús. Aquí el posesivo es importante. No me arrogo la voz objetiva de nadie, la mía nada más. El observar ese periodo de la historia y el misterio de la salvación, a mí me ha provocado construirlo de una manera concreta. De hecho, cada vez tengo más claro el final del Evangelio de san Juan cuando dice que no cabrían en todos los libros de la tierra todo lo que Jesús dijo e hizo. Y yo lo entiendo, más bien, en el sentido de que cada hombre tiene la posibilidad de contemplarlo y, de alguna manera, releer la historia sin inventar o prescindir los límites que nos ponen las escrituras.

¿Cómo se construye la historia de unos personas sagrados de los que, en realidad, sabemos tan poco?

En efecto, el libro me ha exigido mucho tiempo de documentación, de lectura, de consultar mapas, fotografías… Toda esta documentación, que ha sido fundamental para situar a los personajes en su contexto, rezuma la vida oculta de los personajes que después aparecen en la novela y ha permitido que se desenvolvieran con naturalidad.

Por otra parte, he evitado desde la primera línea algo muy común en otros libros, la caricaturización de los personajes sagrados como si fueran intocables, gente sin defectos. Jesús no los tenía y probablemente la Virgen tampoco, pero tenían sueño, hambre, miedo… Es decir, sufrían, vivían, gozaban igual que el resto de la humanidad. Esto hace que esta visión de ellos como hombres y mujeres auténticos y verdaderos haga que sea un poquito más sencillo el ambientarlos en un contexto concreto y permitir que vivan una serie de historias concretas.

En esa documentación, ¿qué papel han jugado los Evangelios?

Fundamental. Me han permitido no caer en el ámbito de la fantasía o de una interpretación demasiado personal. De alguna manera, han sido los límites, las fronteras que yo me marcaba.

Pero no es un libro de espiritualidad, sino una novela.

Sí, sí, es una novela. Yo no soy teólogo, no soy escriturista y no tengo ninguna autoridad, ni pretendo tenerla. No me quiero arrogar ninguna voz, porque además es un tema muy delicado. Delicado en el sentido de que estamos hablando de los orígenes y de la fundamentación de una fe, de una civilización, de un arte, una cultura… Es fácil caer en el error de convertirte en un abanderado. Yo he pretendido no hacerlo y, por eso, es una novela. Es una visión concreta de un escritor.

Lo que sí te puedo asegurar es que a medida que iba entrando en el día a día de los personajes a lo largo de estos 7 años, iba quedando cada vez más asombrado y, de alguna manera, cada vez más enamorado de todos ellos.

¿Cómo ve el futuro de la fe y de la Iglesia?

Jesús jamás va a perder actualidad. Va a seguir siendo para muchísima gente el motor de su existencia, de su esperanza, de su razón de ser y de vivir cada día. Respecto a la Iglesia, pues yo creo que estamos en un momento de impas y todavía hay que descubrir cuál es el método. Aunque el otro día, leía a un sacerdote que decía que la clave está en la santidad y creo que tiene toda la razón. En la medida en que cada vez se sume más gente al empeño de ser santo pues más atractivo será el mensaje.

Por otra parte, estoy viendo que en las redes sociales se ha abierto una espita muy peligrosa, que es el cotilleo de sacristía. Yo creo que esto hace mucho daño. Creo que lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir con naturalidad, con compromiso.

¿Qué le gustaría conseguir con esta novela?

Pues nada distinto de lo que está pasando. En el fondo, una novela es una relación personal e interna entre un lector y un texto. El número de lectores en el fondo me da igual. Bueno, cuanta más gente la lea y cuantos más ejemplares se vendan, mejor. Pero eso no es lo trascendente. Lo trascendente es encontrarte con una persona desconocida, que te pare por la calle y te diga. «Tú eres el escritor, pues que sepas qué…» (Leyendo tu libro me ha sucedido tal cosa, o he pensado esta otra…). Hay veces que incluso la narración, es decir la ficción, es capaz de mover los corazones, y también eso es una preciosidad.