Creo que nadie puede poner en cuestión que Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco están siendo absolutamente beligerantes para erradicar del seno de la Iglesia los casos de abusos, que a todos nos conmueven y a todos nos producen un daño muy grande. No se producen estas conductas por desgracia sólo en el seno de la Iglesia. Hay que reconocer que la Iglesia está poniendo de su parte todo lo posible para erradicarlas de su seno y ojalá consigamos que se erradiquen no sólo del seno de la Iglesia, sino de toda la sociedad.