Esther Ráez al cura que acompañó a su hermano ante la muerte: «Siempre te estaré agradecida»

Tras una entrevista de la diócesis de Málaga –y recogida por Alfa y Omega– al sacerdote José López Solórzano, que acompañó a Pablo Ráez en los últimos meses de su vida, su hermana Esther Ráez ha escrito una carta en su blog en la que agradece al cura «esta forma de hablar de mi hermano pequeño», que «me rompe en dos pero me llena completamente. Gracias por hablar de él y de su familia, de sus padres y de su hermana, que soy yo»

José Calderero de Aldecoa
Pablo Ráez ilustrando su mítico: «Siempre fuerte»

Pablo Ráez libró una descarnada lucha contra la leucemia que se convirtió en mediática ante su extraordinaria actitud de superación y su famoso eslogan «siempre fuerte».

La muerte de Pablo, en febrero de 2017, fue un duro golpe para su familia. Su única hermana ha sentido especialmente su pérdida, y a pesar de que «ha pasado más de un año y que continúo con mi vida con la mayor alegría que puedo, el dolor no se atenúa», reconoce Esther Ráez en la última entrada de su blog –fechada el 13 de mayo de 2018–. «Hay días en los que la pena y mi amor por él me doblegan el alma y me encuentro desabrida, estropeada. Sigo escuchando el silencio de Dios».

Sin embargo, en medio del dolor por la muerte de su hermano, Esther Ráez ha encontrado un pequeño bálsamo. El calmante ha llegado en forma de entrevista, concretamente la que le hizo la diócesis de Málaga al sacerdote José López Solórzano, padrino de Pablo y amigo de la familia, y que posteriormente fue recogida por Alfa y Omega.

«He visto y leído tu última entrevista y me emociona cuánto lo amas y cuánto nos quieres a nosotros», le escribe Esther al sacerdote malagueño. «No tengo muchas palabras ni mensajes importantes que dar; tampoco sé cómo comenzar a escribirte sin hacerme doler. Hace tiempo que quería decirte que te quiero, si es que no te lo había dicho ya. Esa forma de hablar de mi hermano pequeño me rompe en dos pero me llena completamente. Gracias por hablar de él y de su familia, de sus padres y de su hermana, que soy yo».

Acompañamiento frente al dolor

Ante las palabras del sacerdote durante la entrevista, Esther reconoce en el blog haber «vuelto a hincar mis rodillas en el suelo» a pesar de que «algunos en mi entorno no entienden la religión, no entienden la fe, no nos pueden entender a nosotros». Sin embargo, «quiero decidir cuándo quitarme la máscara».

En este sentido, le confiesa a Solórzano que «contigo me he acercado a la Iglesia». La primera toma de contacto tuvo lugar cuando «mi hermano, como tú bien dices en tu entrevista, quiso complacer a mis padres y se bautizó». El sacramento también «le sirvió para unirse a ti como individuo. Creció contigo y aprendió de experiencias que solo tu podrías acompañarle a vivir».

Sin embargo, Esther se sintió desplaza, incluso «recelosa de ti durante un tiempo» –Pablo era su único hermano y «mi nexo más fuerte a la vida»–. Pero «te ganaste mis afectos con la mejor de las herramientas, la espera». De esta forma, «al poco me vi yendo a tus homilías ignorando a los ignorantes que odian con radicalismos cualquier asunto religioso».

Para Esther también fue significativo el acompañamiento del sacerdote a la familia en los momentos más difíciles: «¿Quién me diría a mí que hacer procesión de penitente me conectaría con mi estado puro de salvación? Pues tú me lo has dado», le asegura Esther Ráez al sacerdote en la carta. «Has estado en los buenos momentos y en los malos momentos. Nos has visto a mi padre, a mi madre y a mí llorar y perder la cabeza. Por esto, solo tengo agradecimiento hasta que me muera. Algunos no lo entienden, pero tú en mi vida eres para siempre».

Fe y amor

Antes de concluir, Esther le recuerda al sacerdote «aquello que dijiste en la Misa de Pablo, aquel día multitudinario tan extraño para mí: “se olvida cuando se deja de amar”. Esa frase se me clavó adentro». Ahora, «¿quién podría hablar de mi fe sin unirla al amor?»

Por último, «me atrevo a decirte otra vez que eres muy importante para mí, que aplaudo y agradezco tu actitud y tu comportamiento, tu manera de estar. Y esto lo digo no solo como cura, sino como mi familia que eres».