Escape room en el museo - Alfa y Omega

Escape room en el museo

El Museo Diocesano de Arte Sacro de Bilbao se suma a uno de los fenómenos de ocio con más tirón en los últimos tiempos para acercar su colección a público más joven. Los visitantes conocerán grandes obras del arte religioso mientras intentan salvar a las monjas de un convento afectadas por un extraño veneno

Fran Otero
Los participantes jugarán de la mano de una monja o fraile que los guiará en la aventura de salvar el convento. Foto: Museo de Arte Sacro de Bilbao

El Museo Diocesano de Arte Sacro de Bilbao se suma a uno de los fenómenos de ocio con más tirón en los últimos tiempos para acercar su colección a público más joven. Los visitantes conocerán grandes obras del arte religioso mientras intentan salvar a las monjas de un convento afectadas por un extraño veneno

Uno de los fenómenos de ocio del momento son las escape rooms (habitaciones de escape), un juego de aventuras en el que los participantes tienen que dar respuestas a diferentes enigmas para salir airosos de las salas donde se desarrolla. Los hay de distintas modalidades –lineal o no lineal– y con diversas temáticas (misterio, asesinatos, zombis, entrevistas, terror… Es tal su popularidad que hay personas que deciden sus vacaciones en función de si hay o no actividades de este tipo en su destino o realizan viajes cuyo objetivo es participar en una de ellas. Algunos de estos fanáticos de las escape rooms ya han pasado por La Abadía de Atxuri, la propuesta que lanzó el pasado 18 de mayo el Museo Diocesano de Arte Sacro de Bilbao. «El primer día hablé con una mujer que ya había hecho 140 y hace poco pasó por aquí otra que llevaba 80», afirma Juan Manuel González Cembellín, director del museo.

En conversación con Alfa y Omega, González Cembellín reconoce que la iniciativa concreta surgió de casualidad, pero en el fondo existía una necesidad de atraer al museo diocesano a los visitantes más jóvenes, de entre 20 y 45 años. Se encargaron proyectos a tres empresas del sector y se eligió uno que dio como resultado La Abadía de Atxuri. El museo se convierte así en un convento donde los jugadores deberán ayudar a la comunidad que allí reside a conseguir el antídoto que frene la acción del veneno que está matando a las monjas o los frailes, pues se puede elegir si se quiere un convento femenino o masculino.

El juego se desarrolla en tres salas –se han habilitado para la actividad con tecnología de última generación– que simulan la celda del abad, el escritorio y el laboratorio. De la mano del game master –un fraile [disfrazado] que los acompaña– irán buscando pistas a través de las diferentes obras que hay en el recinto para encontrar los ingredientes del antídoto. A diferencia de otras propuestas como esta, la de este museo diocesano no tiene tiempo límite, aunque la duración media ronda los 75 minutos. «El objetivo es que los participantes, además de pasar un buen rato con el juego, conozcan el museo y las obras que este guarda. Les guste o no, tienen que ver la exposición», recalca González Cembellín.

Aunque las primeras semanas estuvo funcionando «a medio gas», La Abadía de Atxuri ya está «a pleno rendimiento» ofreciendo aventuras y conocimiento del arte sacro de martes a domingo desde las 9:00 hasta las 21:00 horas.

Del Románico hasta hoy

Además de un buen rato solucionando el misterioso envenenamiento que sufren los habitantes del convento, los visitantes podrán acercarse al arte religioso de este museo diocesano, que tiene piezas que datan del Románico hasta nuestros días. De hecho, la última pieza es de 1999.

Fundamentalmente, hay arte vizcaíno o cuyo destino haya sido la Iglesia vizcaína. Así, en sus fondos, hay pinturas del taller de Luca Giordano, uno de los pintores más importantes del Barroco. También hay obras de, entre otros,  Beaugrant, Salvador Carmona, Carnicero, Paret, López Villaseñor, Larrea o Asorey. De este último destaca una escultura de la Soledad que, según González Cembellín, «a nadie pasa desapercibida». «Una imagen terrible, sobrecogedora», añade.

Tiene un gran valor la colección de orfebrería, piezas que han viajado por todo el mundo para participar en exposiciones en grandes museos. Por ejemplo, la custodia de Luis de Lezana, del siglo XVII, formó parte de la muestra Tapices y platería de los Andes coloniales que organizó el Metropolitan Museum of Art (Nueva York, Estados Unidos) en 2004 y otra custodia, también del siglo XVII, que estuvo en el vecino Guggenheim. La última petición acaba de llegar desde Viena, por parte del Museo Judío. Finalmente, González Cembellín destaca la colección de alabastros ingleses góticos, que es, a día de hoy, «la más grande que hay en España expuesta al público».

Gracias a la iniciativa de La Abadía de Atxuri muchos visitantes de la ciudad vasca podrán conocer los tesoros del museo diocesano y su difusión se multiplicarán. El boca a boca, las redes sociales o el apoyo del Gobierno vasco a través de la promoción turística o de entidades privadas como BBK harán el resto.

Fran Otero