El Papa exhorta a Al Asad a «detener la catástrofe humanitaria» en Siria

El Papa exhorta a Al Asad a «detener la catástrofe humanitaria» en Siria

El cardenal Peter Turkson entregó el lunes al presidente sirio Bashar al Asad una carta del Santo Padre en la que le pide que tenga gestos concretos de buena voluntad, como garantizar el regreso seguro de los desplazados o la liberación de los detenidos para facilitar una salida dialogada y la reconciliación

Redacción
Foto: Stringer/Sana/AFP

El cardenal Peter Turkson entregó el lunes al presidente sirio Bashar al Asad una carta del Santo Padre en la que le pide que tenga gestos concretos de buena voluntad, como garantizar el regreso seguro de los desplazados o la liberación de los detenidos para facilitar una salida dialogada y la reconciliación

Lo que sigue ocurriendo en Siria «es inhumano y no se puede aceptar». Así justificó el lunes el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, la carta que el Papa Francisco ha escrito al presidente sirio Bashar al Asad. En ella, le transmite su «profunda preocupación» por la protección de la vida de los civiles y por la situación humanitaria en la región de Idlib y le pide que «haga todo lo posible para detener esta catástrofe humanitaria» y proteger a la población indefensa.

En Siria, la guerra no se ha detenido. «Los bombardeos continúan, varias instalaciones de salud han sido destruidas en la zona [de Idlib], mientras que muchas otras han tenido que suspender sus actividades total o parcialmente».

El texto –continuó el secretario de Estado en una entrevista con Vatican News– parte de una preocupación «humanitaria», y no política. Se lo entregó en persona a Al Asad el prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, que estuvo acompañado por el subsecretario de este dicasterio, el franciscano Nicola Riccardi, y el nuncio apostólico en Siria, el cardenal Mario Zenari.

En la región de Idlib –explicó el cardenal Parolin– «viven más de tres millones de personas, de las cuales 1,3 son desplazados internos, obligados por el largo conflicto en Siria a encontrar refugio precisamente en aquella zona que había sido declarada desmilitarizada el año pasado. La reciente ofensiva militar se sumó a las ya extremas condiciones de vida que tuvieron que soportar en los campamentos, obligando a muchos de ellos a huir. El Papa sigue con aprensión y gran dolor el dramático destino de la población civil, especialmente de los niños que están involucrados en los sangrientos combates».

Ante esta situación, el Papa Francisco renueva su llamamiento para que se proteja la vida de los civiles y se preserven las principales infraestructuras, como escuelas, hospitales y centros de salud.

El cardenal Parolin subrayó que el Papa sigue apostando por la reconciliación, palabra que cita tres veces en su misiva. Que esta «prevalezca sobre la división y el  odio» es «su objetivo, por el bien de ese país y de su población indefensa».

A la Iglesia –reconoció el cardenal– le preocupa «el estancamiento del proceso de negociación», porque siempre ha insistido en la «necesidad de una solución política viable, superando los intereses partidistas». Por ello, el Papa le pide a Al Asad gestos que demuestren su buena voluntad.

Y da ejemplos concretos, como que se den las condiciones para el regreso seguro de los exiliados y desplazados internos y para todos aquellos que quieran volver al país después de haber sido obligados a abandonarlo. «También menciona la liberación de los detenidos y el acceso de las familias a la información sobre sus seres queridos».

En relación con esto, un tema delicado que el Papa aborda abiertamente es la situación de los presos políticos, a quienes dice que «no se pueden negar condiciones de humanidad». «En marzo de 2018 –continuó explicado el secretario de Estado–, la Independent International Commission of Inquiry on the Syrian Arab Republic publicó un informe sobre este tema en el que se hablaba de decenas de miles de personas detenidas arbitrariamente. A veces, en prisiones no oficiales y en lugares desconocidos, serían sometidas diversas formas de tortura sin tener ninguna asistencia legal ni contacto con sus familias».

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