El Niño Jesús sigue siendo refugiado en Egipto

Gracias a la ayuda de OMP la parroquia del Sagrado Corazón de Alejandría (Egipto) da educación a casi 1.500 niños refugiados, sobre todo de Sudán del Sur. Este domingo se celebra la Jornada de Infancia Misionera con el lema Con Jesús a Egipto. ¡En marcha!

María Martínez López
Niñas de Sudán del Sur durante una excursión organizada por la parroquia de Alejandría (Egipto). Foto: Padre Laude Yadjimadij

Gracias a la ayuda de OMP la parroquia del Sagrado Corazón de Alejandría (Egipto) da educación a casi 1.500 niños refugiados, sobre todo de Sudán del Sur. Este domingo se celebra la Jornada de Infancia Misionera con el lema Con Jesús a Egipto. ¡En marcha!

Sor Expedita Pérez es una misionera comboniana española que trabaja en Egipto. Es un país importante para el cristianismo, porque «en esta tierra el Niño Jesús buscó acogida y refugio» cuando sus padres tuvieron que huir de Belén con él porque Herodes quería matarlo. Obras Misioneras Pontificias quiere que nos fijemos en este episodio de su vida este domingo, día de la Infancia Misionera. El lema es Con Jesús a Egipto. ¡En marcha!

Como sabéis, Infancia Misionera existe para que los niños del mundo puedan ayudar a otros niños. El año pasado juntaron entre todos 15,5 millones de euros. Gracias a este dinero, cuatro millones de niños recibieron atención sanitaria, educación, conocieron a Jesús… También se ayudó a 16.000 niños refugiados en 17 países. Uno de ellos es Egipto. Allí se repite la historia del Niño Jesús, porque hoy viven en este país 94.000 niños refugiados. Sobre todo de Siria, pero también de Sudán y de Sudán del Sur.

En Sudán del Sur la población es cristiana. Huyen de su país porque ha estado en guerra casi sin parar desde hace 70 años. «Para llegar a Egipto, las familias se gastan todo su dinero en comprar un billete de autobús para cruzar el desierto del Sáhara –explica sor Expedita–. Viven gracias a las ayudas de Naciones Unidas y de las distintas iglesias». Las parroquias les dan algo de dinero para el alquiler, les pagan el médico y las medicinas y les dan comida.

Una cuestión muy importante es el colegio. En el país no hay suficientes escuelas, ni siquiera para los niños egipcios. Además, los pocos niños sursudaneses que han ido a ellas lo han pasado muy mal. «Los discriminaban por ser negros y también por ser cristianos», cuenta la misionera. Por eso, la Iglesia está poniendo en marcha sus propios colegios.

La parroquia, único lugar donde divertirse

Un ejemplo es la parroquia del Sagrado Corazón, en Alejandría, donde trabaja el padre Claude Yadjimadji. También es comboniano. Con ayuda de Infancia Misionera tienen tres centros donde estudian casi 1.500 niños desde los 3 hasta los 18 o los 20 años. La mayoría son de Sudán del Sur. «Casi siempre han viajado solo con su madre –nos dice el padre Claude–. Los padres murieron por la guerra o por alguna enfermedad, o se han quedado en el país. Los niños más pequeños no recuerdan la guerra, pero sí se acuerdan del difícil viaje».

Allí, además de clase, les pagan los libros y les dan el desayuno. Por la tarde, los chicos no se van a casa, sino a la parroquia. Sus padres trabajan, y «queremos evitar que se queden en la calle –cuenta el sacerdote–. Tenemos un grupo scout, catequesis, un grupo para colaborar en la Misa… La parroquia es el único lugar en el que pueden jugar y pasárselo bien. El día que sus madres y padres no trabajan, también vienen con ellos. Para ellos la fe es muy importante, y rezan mucho por la paz en su país».

Como en esta parroquia casi toda la gente es de Sudán del Sur, los niños no tienen muchas oportunidades de integrarse con niños egipcios, aunque sean cristianos. «Son culturas muy distintas», explica este misionero. «Pero esta Navidad, organizamos actividades para juntar al grupo scout de nuestra parroquia con otro grupo scout en el que hay niños egipcios». Todo este trabajo les cuesta mucho esfuerzo, pero «nos lo pide Dios y lo hacemos con todo el corazón», detalla el sacerdote.

Algo parecido comparte sor Expedita: «Muchos de nosotros querríamos haber ayudado al Niño Jesús hace 2.000 años. Hoy, Él nos invita a hacerlo con cada uno de estos niños refugiados que llegan a este país, y a cualquier otra parte del mundo».

María Martínez López