Hoy es el Día Internacional de la Familia, según el calendario de Naciones Unidas, y en este 2014 alcanza ya su vigésima celebración. Es un día para la familia, pero que hoy se celebre expresamente no significa que el resto de días no sean el día de la familia. No significa que sólo hoy estemos especialmente atentos de nuestras familias; eso hay que hacerlo siempre.

Últimamente, esta institución se está viendo afectada por la crisis social e ideológica del momento, siendo la principal perjudicada y víctima. Y no puede ser así. La familia no responde en ningún caso a una ideología particular ni a una corriente política concreta. La familia formada por padre, madre e hijos es la única fuente de vida natural que hay en la tierra, la única capaz de soportar problemas económicos, crisis sociales, desastres ecológicos, etc. Porque, a pesar de todo, continúa existiendo.

En la película Lo imposible, basada en hechos reales, se ve claramente la preocupación de los protagonistas por volverse a unir. Esta película hace una reflexión profunda de lo que supone la familia: una lucha contra viento y marea por permanecer unida. Da que pensar… Los protagonistas padecen un tsunami que los desperdiga a todos por una isla y, más allá de las preocupaciones de destrozo de casa, pérdidas económicas, heridas propias de cada uno de los supervivientes…, lo que les domina es volver a estar unidos.

Muchas veces, por una simple herencia (que sólo es dinero), una mala contestación, un desprecio o un despiste, se generan rencores dentro de las familias que provocan incomunicación durante años e incluso para siempre. Y no nos damos cuenta de que sin ellos no estaríamos aquí, leyendo el periódico o disfrutando de la vida.

Muchas personas han perdido a su padre, o a su madre, a hermanos… Y muchas otras, por las tonterías provocadas por la vanidad y el orgullo, los pierden directamente y de forma gratuita. Ahora mismo, el número de familias desestructuradas es casi mayor que el de familias unidas. Seguramente, en muchos casos, la separación era inevitable, pero en muchos, muchísimos otros, no lo era. Todos deberíamos pensar un poco en la familia protagonista que sufre el tsunami: no tienen nada, lo han perdido todo y lo único que les interesa o importa es volverse a juntar.

A veces nos cegamos por tonterías y el orgullo nos impide perdonar o pedir perdón, y por culpa de una estupidez perdemos a la familia. Hoy, es un día que nos puede ayudar a reflexionar especialmente sobre cómo tratamos a nuestra familia: padres, esposos, hijos, hermanos, tíos, primos…, y poner en una balanza qué pesa más. A lo mejor, una palabra de perdón o una sonrisa para perdonar compensa cualquier estupidez. Somos humanos y todos cometemos errores, pero mejor hacerlos en familia que perderla para siempre. Por este motivo, el Día de la familia es todos los días, porque todos los días la tenemos con nosotros y todos los días tenemos que perdonar y ser perdonados, y no una vez, sino muchas. ¿O es que tiene que haber un tsunami para empezar a recapacitar?

Carmen González