Pocas actividades ejemplifican tan bien lo que es la vida como el deporte. Vivir es avanzar buscando nuevas metas, como estos chicos, amputados tras la guerra civil en Sierra Leona. Levantarte, aunque te caigas. Volver a empezar. Repetir mil veces el salto, madrugar para entrenar. Callarte el dolor, respetar al adversario. A veces hay medallas y otras, las más, derrotas. Aprendes a quejarte menos y a correr más. Un mundo en el que se hace pasillo al que pierde y se descubre la importancia del equipo. Del propio y de los cercanos. Porque uno no sería nadie sin el tipo que corta el césped en el que se va a jugar un partido o del que barre la pista de tenis antes del torneo. Digamos que el deporte consigue que des lo mejor de ti. Pocos títulos mejor escogidos para encabezar el primer documento que la Iglesia dedica a la actividad que mayor número de seguidores genera en todo el mundo. Tanto dentro de la pista como sentado en el sofá o en la grada. No todo el mundo sabe que dentro de los ministerios vaticanos existe desde hace tiempo una sección dedicada exclusivamente al deporte. El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida dispone de una oficina que lleva elaborando desde hace años este trabajo al que el Papa Francisco acompaña una carta en la que recuerda que «el deporte es una riquísima fuente de valores y de virtudes, que nos ayudan a mejorar como personas». Pienso en el fútbol, con 3.000 millones de seguidores y me viene a la cabeza Juan Mata. El diario The Guardian le nombró futbolista del año 2017. No lo hizo ni por sus goles ni por sus victorias. Se ha empeñado en conseguir que el deporte que tanto gana, devuelva, por lo menos, el 1 % de lo que genera. Y él va por delante. Además, ha trascendido que después de los entrenamientos del Manchester United se queda a ayudar a los encargados de material del club en la lavandería de Old Trafford. Solo se va a casa cuando han recogido todas las equipaciones. El buen deporte genera a otros muchos Juan Mata, y este documento sirve de guía para formarlos ya desde pequeños. Alerta además sobre comportamientos poco éticos como el dopaje, la violencia de los ultras, la corrupción, el amaño en las apuestas o incluso previene sobre la utilización del deporte como autoafirmación nacionalista, que tantas veces convierte los campos en un espacio al que no se entra para celebrar, sino para manifestarse. Hace unos meses el Papa recordaba a la delegación de los juegos olímpicos invernales Special Olympics Internacional que «la victoria más hermosa es la de superarse a sí mismos». Bienvenido sea un documento que se convertirá en palestra de virtudes. Porque el deporte nos enseña que el suelo está muy duro y duele. Pero siempre hay que levantarse.

Eva Fernández @evaenlaradio