Compramos sin medida: Enlázate por la Justicia propone un consumo alimentario más responsable

Solo en Europa se desperdician 89 millones de toneladas de comida al año. Un 33 % de este despilfarro se origina en los hogares. Nuestro modo de hacer la compra influye directamente en que 800 millones de personas pasen hambre en el mundo y en que las emisiones de efecto invernadero estén destruyendo el medioambiente

Cristina Sánchez Aguilar
Foto: Fotolia

Cada año se tiran a la basura 1.300 millones de toneladas de alimentos en todo el mundo. Lo asegura la FAO en su último informe sobre el despilfarro alimenticio. En Europa, según la Comisión Europea, tiramos 89 millones de toneladas anualmente, lo que supone una media de más de 100 kilos por persona.

La ONG Manos Unidas, que durante todo 2017 dedicará su campaña contra el hambre precisamente a sensibilizar contra el desperdicio, hace un recorrido por el proceso de descarte que sufren los alimentos en nuestro país, el sexto de Europa que más comida tira, según datos oficiales. Para empezar, el 5 % de los alimentos son descartados durante la producción. «Por ejemplo, la fruta fea se tira automáticamente», afirma Ángel Bustamante, coordinador del Departamento de Educación de la ONG. «En el procesado y transporte se pierde el 7 %, las tiendas retiran el 10 % y así llegamos hasta los hogares, donde se pierde el 33 % de los alimentos», añade.

Esta retahíla de datos no solo tiene «un profundo coste ético, ya que hay 800 millones de personas en el mundo que pasan hambre mientras los países ricos nos permitimos tirar el pan a la basura», sino que este sistema de consumo «provoca que esos millones de personas no tengan acceso a los alimentos, ya que la mayoría de los productos tienen como destino los países desarrollados». Lo asegura María Teresa de Febrer, de la ONG Prosalus, y añade que, debido a esta escasez, «los precios de los productos tienden a subir».

La segunda consecuencia tiene que ver con el cuidado de la casa común. «El despilfarro alimenticio produce un efecto medioambiental nocivo debido a la utilización insostenible de los recursos naturales», sostiene Febrer. Según la FAO, «1.400 millones de hectáreas de tierra se utilizan para cultivar alimentos que acabarán en la basura». Hectáreas que, en no pocas ocasiones, «las grandes multinacionales arrebatan de las manos de sus campesinos, a los que se expulsa de su propia tierra», añade Luis Rico, ingeniero agrónomo y uno de los responsables de La Ecomarca, red madrileña para la distribución de productos ecológicos.

Los millones de kilos de comida que acabarán en un contenedor «necesitan cada año un volumen de 250 kilómetros cúbicos de agua, es decir, aproximadamente una cuarta parte del uso total de recursos de agua dulce del mundo, y lo equivalente a 300 millones de barriles de petróleo, que se malgastan en los procesos energéticos que se utilizan en las distintas fases de la cadena alimentaria», hace notar María Teresa de Febrer.

Modelo de consumo insostenible

Este despilfarro de alimentos es el resultado del «hábito de gastar y tirar, que alcanza niveles inauditos en los países desarrollados y en los sectores más ricos de las sociedades», señala el Papa Francisco en la encíclica Laudato si.

Dos miembros de un grupo de consumo en Madrid Foto: La Ecomarca

Hábito que ha desembocado en «un problema alimentario mundial», a juicio de Rico, fomentado en parte por el hiperconsumismo instalado en las sociedades ricas, y también «por el interés económico de unas pocas empresas –y cita, entre otras, Unilever, Procter&Gamble, Kraft o Coca-Cola– que tienen el monopolio de la producción y la distribución de alimentos en todo el mundo». En España «son siete las empresas que controlan el 75 % del comercio, lo que implica tener el control sobre toda la cadena alimentaria y sobre el precio final de los alimentos». Estas grandes empresas «incitan al comprador a consumir por encima de sus necesidades, proponiendo ofertas en las que el usuario sale del supermercado con cantidades de alimentos que luego tiene que tirar», apunta Ángel Bustamante. Lo más flagrante es que los precios de venta al consumidor, sobre todo en lo referente a los productos agrícolas, «son un 400 % más caros que lo que paga al agricultor por ellos. Quienes se quedan todo ese beneficio son las empresas intermediarias», explica Luis Rico.

La agricultura, el 30 % de los gases de efecto invernadero

Otro de los problemas del consumo irresponsable «es que, como hay superproducción –para los países del norte–, nuestros sistemas agroalimentarios cada vez necesitan más fertilizantes, más productos químicos, más energía para mover grandes máquinas», añade Rico. Ahora mismo, la agricultura es la responsable de la emisión del 30 % de los gases de efecto invernadero en todo el mundo. «En España estas emisiones aumentaron el 20 % durante los años 90». El suelo es el otro gran perjudicado: «Hay una mayor contaminación en la tierra porque se usan más pesticidas y más fertilizantes» para producir más cantidad de alimentos, en menos tiempo, y fuera de temporada. «No tiene por qué haber tomates en invierno», apunta el ingeniero. «Hay muchísimas otras verduras de temporada que se pueden consumir sin dejar huella ambiental negativa».

La carne, en el punto de mira

Foto: Manos Unidas
Foto: Manos Unidas

Según el modelo actual de producción, el sector ganadero es aún más insostenible que el agrícola. «Solo la ganadería es la responsable del 18 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, además de generar otros graves impactos ambientales», explica el responsable de La Ecomarca. Impactos como, por ejemplo, «un consumo de agua desmedido o el uso masivo de tierra para cultivar transgénicos, que luego se utilizarán en la producción de granos para alimentar al ganado». Hay países en vías de desarrollo especializados en la agricultura de monocultivo –principalmente de soja transgénica–, que se utiliza luego en Europa y Estados Unidos para engordar el ganado y mantener un sistema en el que se demanda carne para consumir todos los días de la semana. «Una costumbre que, además de tener un fuerte impacto negativo en el medioambiente, es perjudicial para la salud», añade Rico.

El consumidor, parte de la solución

La red Enlázate por la Justicia, formada por Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES, propone para este tiempo de Navidad revisar el punto dos de su Decálogo verde: «Redescubrirás el valor de la simplicidad en tu propia vida». Esta campaña, que termina en enero –cuando se comenzará a reflexionar sobre el punto tercero, y así sucesivamente cada dos meses–, busca que los fieles reflexionen sobre sus prioridades y consideren «si vivimos por encima de nuestras necesidades, consumiendo más bienes de los oportunos». Además, ofrecen una serie de trucos para no despilfarrar, como «no confundir la fecha de caducidad con la de consumo preferente», «no comprar en grandes cantidades por aprovechar ofertas» o «generar creatividad para reutilizar los alimentos que sobran», expone Ángel Bustamante desde Manos Unidas.

Luis Rico propone elegir distribuidoras de alimentos que tengan un margen de beneficio lógico, como la propia Ecomarca, que solo tiene un 15 %. «Además, fomentamos que haya interacción entre productor y consumidor». Elegir la agricultura ecológica es entre un 50 y un 60 % menos contaminante que la agricultura tradicional y «reduciríamos considerablemente la huella ambiental si disminuimos la cantidad de carne ingerida». Finalmente, Rico recalca que «organizarse como consumidores en grupos para hacer compras conjuntas a productores hace que sea más fácil la gestión y la diversidad de productos sea mayor».

A nivel empresarial, «a España le queda mucho camino por recorrer. Aquí la normativa sobre alimentos todavía es demasiado restrictiva», apostilla Febrer. Otros países nos llevan la delantera, como Francia, «que aprobó hace poco una ley que obliga a las grandes superficies a que los productos que antes se tiraban al acabar la jornada ahora se donen a los bancos de alimentos y a instituciones caritativas». También hay restaurantes en muchos países europeos «que no desechan la fruta fea» y comunidades que han puesto en marcha iniciativas de food sharing, donde se comparten alimentos, por ejemplo, entre vecinos que se van de vacaciones y dejan en el portal la comida que se va a estropear para que otros la aprovechen.

Cristina Sánchez Aguilar
@csanchezaguilar

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Las diez propuestas de Enlázate por la Justicia para promover un estilo de vida austero y respetuoso con el medioambiente

  1. Apoyarás la causa de los pobres
  2. Redescubrirás el valor de la simplicidad en tu propia vida
  3. Valorarás la importancia de tus comportamientos cotidianos
  4. Apreciarás la diversidad de nuestro mundo
  5. Animarás una conversión personal, eclesial y comunitaria
  6. Impulsarás las decisiones necesarias, aunque sean costosas
  7. No supeditarás tu acción a los intereses económicos
  8. Bucearás en tu propia tradición espiritual
  9. Asumirás los consensos científicos
  10. Superarás el paradigma tecnocrático

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