«¡Cómo puede un católico votar a Trump!» - Alfa y Omega

«¡Cómo puede un católico votar a Trump!»

Los católicos deben ver en la globalización una oportunidad más que un peligro, afirma Michel Camdessus, ex director gerente del FMI y antiguo presidente de las Semanas Sociales de Francia

Ricardo Benjumea
Foto: CEU

«¡Cómo es posible que un 52 % de los católicos norteamericanos hayan votado por Trump, el hombre que prometió en su campaña suprimir la cobertura sanitaria y construir un muro con México, cuando hace solo un año el Papa advertía que construir muros no es cristiano!»

Tampoco entiende Camdessus que hubiera católicos que favorecieran la salida británica de la UE. «Se equivocan, porque todo lo que debilita la globalización no nos hace más libres, sino que nos expone a más arbitrariedad». Pero frente al momento exultante que atraviesan «Le Pen, la AfD alemana y todos los populistas antiglobalizadores del mundo», el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional afirma que «no nos debemos dejar impresionar por los altibajos de la coyuntura» y que el auge del nacionalismo que hoy vemos no va a detener «un proceso que tantas posibilidades buenas ofrece a la humanidad».

La globalización tiene su lado oscuro. «Me encanta oír las críticas que ha hecho el Papa Francisco porque habla como un profeta», asegura a este semanario el también gobernador emérito del Banco de Francia. «Mis compañeros economistas se sorprenden de su lenguaje, pero es que yo no quiero un Papa economista, sino un Papa profeta».

El mundo financiero está «intoxicado por la ideología neoliberal», reconoce, no sin añadir que la responsabilidad última de la crisis de 2007 ha sido de naturaleza ética, una «codicia generalizada en nuestras sociedades». Y que los gobiernos «han adoptado medidas muy importantes y positivas, aunque insuficientes». Antes «había sectores en los que se decía que el Estado no podía entrar, como los paraísos fiscales o los fondos especulativos. La respuesta del G 20 en 2008 fue que no debe haber ningún sector de la vida económica o financiera que no esté bajo vigilancia o regulación».

Minutos antes de la entrevista con Alfa y Omega, Michel Camdessus inauguraba el Congreso Católicos y Vida Pública, explicando que, si esta crisis ha generado la sensación de que «estamos deslizándonos hacia algún derrumbamiento apocalíptico» de nuestra civilización, ello se debe a que ha estallado en un momento en el que estamos inmersos en «el proceso de alumbramiento de un mundo radicalmente nuevo».

Se plantean en el horizonte retos como el rápido crecimiento de la población africana, que se duplicará en 35 años, mientras la de Europa mengua. «Esto nos anuncia una formidable presión migratoria, a no ser que, merced a un esfuerzo cooperativo de mucha más intensidad consigamos generar un rápido crecimiento» en el continente vecino. Y mientras esto sucede, unos 4.500 millones de personas en los países emergentes accederán al estatus de «clase media». Con «el modelo de consumo que prevalece ahora en los países avanzados sería necesario que dispusiésemos de varios planetas más para alimentarlas».

Puestas en la balanza, sin embargo, Michel Camdessus cree que, frente a las amenazas, pesan más las oportunidades, entre las que cita una mayor igualdad de la mujer y el hombre, o un «despertar universal de la sociedad civil» por medio de infinidad de pequeñas iniciativas solidarias.

Los cristianos pueden contribuir decisivamente a encauzar positivamente estos procesos que definen el cambio de época. Si en el siglo XX la santidad tuvo como rasgo distintivo el martirio, en el XXI Camdessus cree que la santidad estará caracterizada por aspectos como «la sobriedad», «la ecología integral», «un compromiso de ciudadanía mundial» o «la colaboración fraterna con todas las otras sabidurías y religiones del mundo para humanizarlo», como indica la declaración conciliar Nostra aetate.

Desde esa perspectiva, los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la ONU pueden verse hoy como una aplicación concreta de las bienaventuranzas. Puestos, por cierto, a resaltar una de las ocho, el ex número uno del FMI tiene clara su elección: «Era forastero y me acogisteis», palabras que «nos ponen muy especialmente a nosotros, europeos, frente a la respuesta colectivamente tan indigna que damos al problema de las migraciones».

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