La celebración del martirio del Apóstol Santiago el Mayor, nuestro Patrono, nos recuerda el Evangelio que nos anunció, en el que estamos fundados y que nos salva, manteniéndonos fieles a él y sabiendo que debe ser buena noticia para los pobres, si no queremos que pierda autenticidad y credibilidad. (…) La Iglesia, continuadora de la obra de Cristo, «es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos» [Benedicto XVI, Discurso en la catedral de Santiago]. Es portadora de la misericordia de Dios, abriendo «el corazón de los hombres a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado» y nos enseña que nuestro destino sólo se logra con Cristo que manifiesta el hombre al propio hombre y le descubre la dignidad de su vocación. Esto no lo percibimos si vivimos poseídos de nosotros. Sólo quien se siente peregrino hacia Dios, puede ofrecer esperanza y paz a la sociedad, según el espíritu de las Bienaventuranzas. (…)

Santiago fue el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Cristo, convencido de que no podía callar lo que había visto y oído y de que Dios es fiel a su palabra. Las persecuciones a muchas personas por el hecho de ser cristianas perduran en muchas partes del mundo ante nuestra indiferencia y silencio.

Desde la fe hemos de iluminar nuestra realidad, evitando que enmudezca ante las contradicciones del mundo, y dando claridad y firmeza a nuestras actitudes éticas y morales. Dejarse amar por Dios nos mueve a amar a los demás, reconociéndolo «en todos los pobres, en todos los más desfavorecidos, en los pordioseros de pan y de amor» [Conferencia Episcopal Española, Iglesia servidora de los pobres. Instrucción Pastoral]. (…)

La verdad que se proclama desde una posición de fuerza se oscurece y corre el riesgo de ser malentendida. El Evangelio sólo puede ofrecerse en vasijas de barro, para que resplandezca en medio de nuestra debilidad, más allá de todo triunfalismo e intransigencia. Sólo puede predicarse con credibilidad desde la cruz, desde la pobreza y desde la libertad.

+ Julián Barrio
Arzobispo de Compostela
(De su homilía en la Solemnidad del Apóstol Santiago)