Vivir la fe con alegría desde pequeños amplía la perspectiva - Alfa y Omega

Vivir la fe con alegría desde pequeños amplía la perspectiva

La fe de los pequeños debería ser una preocupación en la Iglesia. Solo cuando se vive como modo de ser más felices tiene futuro

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Ser felices es la mayor aspiración del ser humano. La pregunta decisiva es cómo conseguir alcanzar aquello que nos llena y da sentido a nuestra existencia. Una tarea a la que no llegamos individualmente, sino que demanda caminos comunes para descubrir que la dicha del otro también afecta a nuestro grado de felicidad.

La felicidad no tiene edad, y por eso es importante que desde los primeros años de nuestra vida todos seamos felices. Que Dios hace feliz al ser humano es algo que algunos creemos. De hecho, la historia nos muestra que los verdaderos creyentes han alcanzado la felicidad en la medida en que se han ido aproximando a Dios.

Los sentimientos se contagian y, por eso, somos llamados como bautizados y como comunidad cristiana a ser testigos de que ser discípulos de Jesús nos hace felices. Lo somos cuando vivimos nuestra fe con alegría. Y si hay un momento en que esa alegría condiciona positivamente la vida es en la infancia.

Que los más pequeños disfruten de lo que hacen y viven en la Iglesia puede condicionar el futuro de su vida cristiana. A veces escuchamos a los niños, aunque no solo a ellos, decir que las cosas de la Iglesia son un rollo. Más que reflexionar en torno a ello y buscar soluciones, nos autojustificamos y decimos abiertamente que el problema está en los niños, o en los padres que no los saben educar en la fe, o en otras tantas disculpas que nos lleven a tranquilizar nuestra conciencia.

Lo decisivo es qué es lo que hacemos como Iglesia para que los niños disfruten de su ser cristianos y de participar de la vida eclesial. Si somos felices en un lugar o haciendo algo lo anhelamos constantemente. Y eso nos pasa a cualquier edad. Un niño que le dice a otro que es feliz en Misa, en la catequesis o en cualquier actividad en la parroquia, es el mejor testimonio para despertar vivencias de fe en los otros. Cuando alguien hace las cosas a regañadientes, sea lo que sea, la perspectiva siempre será a corto plazo.