Yo fui a EGB: cuando los niños tenían espacio - Alfa y Omega

Yo fui a EGB: cuando los niños tenían espacio

El Conde Duque, en Madrid, alberga hasta el 30 de agosto esta exposición con objetos de entre los 70 y los 90. Sin tecnologías, tocaba buscarse por el parque e inventar juegos. Una costumbre a retomar

Rodrigo Moreno Quicios
Esta réplica de Espinete recibe a los visitantes y convierte a las madres en niñas.
Esta réplica de Espinete recibe a los visitantes y convierte a las madres en niñas. Foto: Esther Vázquez.

«Al Espinete original no lo tenemos porque, al estar guardado en un almacén con amianto, tuvieron que tirarlo. Pero sí hay una réplica para otro programa de Televisión Española», nos cuenta Jorge Díaz, la mitad junto a Javier Ikaz del blog Yo Fui a EGB, sobre el enorme erizo de peluche de Barrio Sésamo que da la bienvenida a los visitantes del Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque hasta el 30 de agosto. La iniciativa nostálgica de estos dos amigos, nacida hace 16 años a través de una página de Facebook, hoy combina tres millones de seguidores entre todas sus redes sociales y propone con una ecléctica colección de objetos una vuelta a la infancia para los que nos criamos entre los 70 y los 90.

Quiosco de época con todos sus colecionables.
Quiosco de época con todos sus colecionables. Foto: Esther Vázquez.

Jorge Díaz y Javier Ikaz comenzaron este muestra «vaciando nuestros trasteros». Después se unió la generosidad de los seguidores que les enviaban los libros de texto o juguetes. «No podríamos recoger todo, necesitaríamos una nave industrial. Sí que seleccionamos entre esos objetos y compramos alguna pieza clave» como aquel Espinete, cuenta Díaz, para reavivar aquella vida que ya fue.

Su compañero Ikaz nos explica que «en esas tres décadas teníamos en común algo muy importante: éramos pretecnológicos». «Antes de que el móvil condicionara totalmente la vida, aprendimos que todo requería un tiempo», subraya. Y aunque el buceo sin control en internet haya también dañado a esta generación, aún conserva un cordón umbilical con lo analógico que podrá reforzar con esta visita. «Cuando una persona pase por la exposición se verá interpelada porque verá los muebles que tenía su abuelo», recalca Javier Ikaz. En efecto, la galería recrea aquellas casas en las que absolutamente «todas las cocinas tenían muebles de formica», vajilla Duralex y en todos los salones se desplegaba el mismo tapiz de un ciervo sobre el tresillo de escay.

Icónica cocina con muebles de formica propia de todas las casas.
Icónica cocina con muebles de formica propia de todas las casas. Foto: Esther Vázquez.

Un quiosco era otra cosa

Otro enclave crucial de la exposición de Yo Fui a EGB es su quiosco repleto de coleccionables para niños, en contraste con los puestos de hoy, sin apenas tebeos. «Entonces era un paraíso ver los sobres sorpresa, los cromos o incluso un paracaidista para lanzarlo por la ventana. Eran juguetes baratitos que nos hacían muy felices», señala Ikaz. 

Aparte de esta agridulce nostalgia y del reencuentro con lo que fuimos, Ikaz subraya que los adultos de hoy tienen en su mano reconstruir un ambiente abierto a la infancia que nuestras ciudades han desmantelado, pues «parece que los niños tienen que ser mayores lo antes posible y hemos ido para atrás». «Estoy a favor de la tecnología, pero antes salías a la calle, no estabas localizado, ibas al parque donde estaban tus amigos de siempre y, si no, los ibas a buscar. Había cierta frescura que se ha perdido», reivindica.

Juguetes de plástico «baratitos que nos hacían muy felices».
Juguetes de plástico «baratitos que nos hacían muy felices». Foto: Esther Vázquez.

Las soluciones no son difíciles pero sí contrarias a lo que venimos haciendo: más flexibilidad para jugar al balón, más balancines a monedas en las puertas de los comercios y más contenidos para niños, como lo fueron Parchís o Enrique y Ana. Y otra tarea más que nos recuerda Jorge Díaz: «En la inauguración vimos un acercamiento entre niños y padres al ver cómo eran de pequeños y su universo». De lo que tiene culpa, en parte, ese enorme Espinete que provocó que «una madre le explicara a su hijo quién era, le cantara emocionada la canción de Barrio Sésamo y saliera como una niña».

Vida en común

«A mi hija le digo que tiene pavor a aburrirse. Todos hemos quedado con amigos en el parque para no hacer nada», bromea Javier Ikaz. Esta mitad de Yo Fui a EGB recuerda «estar en el pueblo, inventarme juegos y subir a los árboles» sin la mediación de adultos. «No pasaba nada porque era una vida más en común», señala. Otra intuición más para reconquistar las calles.