León XIV: muchos jóvenes tienen tecnologías sofisticadas «pero les cuesta encontrar un sentido»
El Papa ha vuelto este sábado, en sendos discursos, a temas relacionados con su encíclica Magnifica humanitas: jóvenes y tecnología y la importancia de la DSI
El Papa León XIV ha señalado que uno de los retos más urgentes y decisivos de nuestro tiempo es «la relación entre educación, salud mental y tecnologías digitales». Ha sido al recibir este sábado en el Vaticano a los asistentes al seminario sobre este tema organizado entre la Organización de Estados Iberoamericanos, la Pontificia Comisión para América Latina y el dicasterio de la Cultura.
En su discurso, el Santo Padre ha destacado que «muchos jóvenes poseen instrumentos tecnológicos cada vez más sofisticados, pero les cuesta encontrar un sentido por el que vivir, esperar, amar e incluso sufrir», recoge EFE. Además, «viven bajo el yugo de las expectativas y el rendimiento, inmersos en una competitividad exasperada que genera ansiedad, miedo de no estar a la altura y desorientación».
Por ello, ha invitado a dar respuesta a las preguntas que surgen «detrás de tantas dificultades, soledades y fragilidades psicológicas. ¿Tiene mi vida algún sentido? ¿Existe una esperanza fiable para el futuro?». En la misma línea, ha instado a abordar el tema de la salud mental no únicamente como una cuestión clínica o técnica sino también a trabajar para «cultivar la vida interior».
«No basta con conectar a los jóvenes a las redes digitales, si luego permanecen desconectados de sí mismos, de los demás y de su propia interioridad. Cultivar la vida interior significa ayudar a las nuevas generaciones a redescubrir el silencio, la reflexión, la capacidad de hacerse preguntas, la profundidad de las relaciones y la apertura a la trascendencia», explicó.
Por último, ha añadido que «la tecnología nos conecta, pero la educación nos forma». Educar, ha abundado, «significa acompañar a los jóvenes a descubrir no solo cómo vivir, sino también por qué vivir».
La DSI es «parte esencial de la misión de la Iglesia»
Al tratar sobre un desafío de las tecnologías digitales, el Pontífice ha seguido profundizando en un tema que le preocupa y que le ha impulsado a publicar, el lunes pasado, su primera encíclica, Magnifica humanitas, sobre inteligencia artificial. No ha sido la única vez que, este sábado, ha abordado temas relacionados con su primer gran texto magisterial.

En la audiencia a los miembros de la Fundación Centesimus Annus – Pro Pontifice, ha aludido explícitamente a él para subrayar la importancia de la doctrina social de la Iglesia en la sociedad contemporánea. Es un tema que «me toca especialmente el corazón», explica, ya que «constituye una parte esencial de la misión de la Iglesia en el mundo».
En efecto, las orientaciones que ha ofrecido en su intervención brotaban de la encíclica. En primer lugar, ha reflexionado sobre la importancia de abordar la cuestión de la «humanidad común», en «medio de la fragilidad» y en una época «caracterizada por las guerras y una polarización creciente».
¿Qué hay detrás de la crisis de la democracia?
El Papa se ha referido también a la crisis de las democracias contemporáneas y al debilitamiento del multilateralismo. Ha asegurado que «lo que se esconde» tras este fenómeno «es, de hecho, una crisis antropológica que deriva de haber olvidado en gran medida al Creador».
En efecto, ha abundado al explicar que en el corazón del hombre habita un deseo de libertad entendida no como «capacidad de hacer lo que se quiere» sino como «dimensión relacional», «don de sí mismo» impulsado por el amor a Dios «y apertura a los demás». Esta idea de libertad «hace realmente posible construir una civilización del amor». Y, si falla, no es posible.
A pesar de todo, no hay que ceder a la desesperación, sino construir un dique contra la deshumanización poniendo en práctica «una suma de pequeñas y tenaces fidelidades». Y, sobre todo, practicando el diálogo «fundado en la verdad que reconoce y aprecia la humanidad común de cada persona», recoge de su discurso VaticanNews.
Así, «tener presente la dignidad innata de cada individuo permite superar el egoísmo y los intereses particulares en favor del bien común». Además, «proporciona también el contexto en el que podemos hablar de un pluralismo sano que reconoce la riqueza de las aportaciones que provienen de personas de orígenes diversos y que conduce a la coexistencia pacífica».