No es verdad 778 - Alfa y Omega

Eran tiempos de bonanza económica, de despilfarro. En la plaza del Conde de Barajas, al lado mismo del Arco de Cuchilleros madrileño, mandaba Mario. Ninguno de los demás mendigos profesionales le tosía, pero había uno que tenía aires de grandeza: los móviles comenzaban a estar de moda y él, que nunca había tenido nada que hacer, había dedicado varias horas a tallar en un pedazo de madera una especie de teléfono móvil y se paseaba por la plaza, con él a la oreja, gritando a todo pulmón: ¿Está el capitán general? ¡Que se ponga!… Hasta el propio Mario se callaba un momento.

Yo qué sé por qué me ha venido la anécdota a la cabeza, al ver la foto del solemne acto conmemorativo del bicentenario de la Constitución de Cádiz, y al lado de Su Majestad el Rey al todavía presidente de la Junta de Andalucía, Griñán. ¿Se han fijado ustedes que ha sido celebrada, con todos los honores, una Constitución en la que no existía la palabra nacionalidades? Al contrario. Lo que rezumaba por todas partes era la palabra Nación, el honor de la Nación española, la soberanía de la Nación española, la conciencia nacional. ¿Qué nos ha pasado en estos doscientos años para que hablar de España, de la patria, del patriotismo —o sea, del amor a la patria—, sea algo inusual y raro? ¿Qué nos ha pasado en estos doscientos años para que el hecho de que Su Majestad el Rey haya reivindicado el patriotismo sea considerado, en los todopoderosos medios de comunicación, poco menos que una rareza? Porque algo nos tiene que haber pasado. Daba un no sé qué ver al presidente del Tribunal Constitucional —que, al parecer, tiene interés en retrasar la reforma de la Ley del aborto— bajo las imágenes del Corazón de Jesús y de la Purísima que campean en el retablo del Oratorio de San Felipe Neri, donde fue promulga aquella Constitución cuya mayoría de firmantes eran 97 eclesiásticos, miembros distinguidos de una Iglesia, la católica, que tuvo mucho que ver en la defensa de la Patria frente al invasor francés. ¿Se puede gobernar un barco con 17 timones y otros 17 timoneles, dos o tres de los cuales quieren abandonar el barco, cuando no dinamitarlo?; eso sí, la dinamita a costa de los españoles, claro…

Los todavía dirigentes de la actual Junta de Andalucía, antes de tener que desalojar, Dios mediante, el próximo domingo, han regalado 830.000 euros a una clínica abortista en Huelva y 35.000 móviles a los sindicatos. Andalucía es la región con más paro de España, y como España es la región con más paro de Europa… La Junta de Andalucía adjudicó a los sindicatos 70 millones de euros, en 2011; pero no sé si ustedes habrán observado que, en la operación retorno del puente de San José, las carreteras que mayores atascos y retenciones tenían eran las de Andalucía y Extremadura. Pero ¿aquí qué es lo que pasa? ¿Quiénes son, de verdad, y cuántos los que están sufriendo la crisis? Tomás Cuesta ha preguntado, recientemente, desde ABC: «¿Quién puede creer a unos tipos que denuncian las supuestas facilidades para el despido a las que se atienen sin miramientos cuando son ellos los que despiden? Ante eso, en cualquier organización seria y democrática antes montarían un congreso que una huelga». Esta mañana me han hecho dos preguntas que no he sabido contestar. No sé si por falta de información, o por falta de ganas. Eran éstas: ¿Cuántos comedores sociales mantienen la UGT y CC. OO.? Y la otra: ¿Es constitucional el Presidente del Constitucional? Hay que ver qué cosas le preguntan a uno, ¿verdad? Los llamados sindicatos mayoritarios —que, según Queró, «se llaman así porque los financiamos la mayoría, que no pertenecemos a ellos»— no sólo no pagan por sus desmanes, sino que cobran. Luis María Anson ha planteado, recientemente, en El Mundo, una serie de preguntas a Méndez y Toxo, de este tipo: ¿Cuántos cargos de UGT y de CCOO cobran sobresueldos de empresas públicas y privadas? ¿Conocen las centrales sindicales qué número de automóviles tienen en propiedad o alquiler? Bueno, y así hasta treinta o cuarenta preguntas. Y concluye: «La regeneración sindical es hoy una de las exigencias de la vida española». Y, en otro artículo, titulado Hacer frente al chantaje de la huelga, ha escrito: «Rajoy tiene que movilizar a las Fuerzas de Seguridad para controlar y encarcelar, si fuera preciso, a los piquetes violentos». Yo me conformaría con que los sindicatos mayoritarios respondiesen a las preguntas. Porfa.