Iglesia de puertas abiertas - Alfa y Omega

Necesitamos continuamente [una conversión pastoral] porque muchas veces tenemos la tentación de volver a las cebollitas de Egipto. Salir, compartir y anunciar exigen una ascesis de renuncia que es parte de [esta] conversión. El miedo o el cansancio nos pueden jugar una mala pasada, llevando a que nos quedemos con lo ya conocido que no ofrece dificultades. Otras veces podemos caer en el encierro perfeccionista que nos aísla de los otros con excusas como: Tengo mucho trabajo; No tengo gente; Si hacemos esto, ¿quién hace las cosas de la parroquia?

No tenemos derecho a quedarnos acariciándonos el alma. A quedarnos encerrados en nuestra cosita…, chiquitita. No tenemos derecho a estar tranquilos. Tenemos que salir a hablarle a la gente de la ciudad. Tenemos que salir de nuestra cáscara y decirles que Jesús vive, y que Jesús vive para él, para ella, y decírselo con alegría…, aunque uno a veces parezca un poco loco.

Cuántos viejitos están con la vida aburrida, que no les alcanza, a veces, el dinero ni para comprar remedios. A cuántos nenes les están metiendo en la cabeza ideas que nosotros recogemos como gran novedad, cuando hace diez años las tiraron a la basura en Europa y en los Estados Unidos. Cuántos jóvenes pasan sus vidas aturdiéndose desde las drogas y el ruido, porque no tienen un sentido, porque nadie les contó que había algo grande. Cuánta gente buena, pero vanidosa que vive de la apariencia, y corre el peligro de caer en la soberbia y en el orgullo.

¿Y nosotros nos vamos a quedar en casa? ¿Nos vamos a quedar en la parroquia, encerrados? ¿Nos vamos a quedar en el chimenterío parroquial, o del colegio, en las internas eclesiales? ¡Cuando toda esta gente nos está esperando! ¡La gente de nuestra ciudad! Una ciudad que tiene reservas religiosas, que tiene reservas culturales, una ciudad preciosa, hermosa, pero que está muy tentada por Satanás.

La Semana Santa se nos presenta como una nueva oportunidad para desinstalar un modelo cerrado de experiencia evangelizadora que se reduce a más de lo mismo, para instalar la Iglesia que es de puertas abiertas, no porque sólo las abre para recibir, sino que las tiene abiertas para salir y celebrar, ayudando a aquellos que no se acercan.

Jorge Mario Bergoglio
de la Carta pastoral para la Semana Santa, del arzobispo de Buenos Aires