No es verdad 814 - Alfa y Omega

Si es verdad lo que dice Máximo en la viñeta que ilustra este comentario —y no tiene por qué no ser verdad— los Reyes Magos no van a dar abasto este año, porque pobres hay más que nunca. Todos, de alguna manera, somos bastante más pobres que el año pasado. El Roto ha pintado una viñeta antológica, en El País, en la que se ve al diablo sentado ante el globo terráqueo y desesperado, con las manos en los cuernos, mientras comenta para sus adentros: «¡Qué aburrimiento, sólo les tienta el dinero!»…

Kap ha pintado, en La Vanguardia, otra viñeta, en la que se ve el mapa de España y a Arturo Mas, tijera en mano, sobre el territorio de Cataluña comentando: «No me han elegido para ser el Presidente de los recortes, sino el Presidente del recorte». Como lo de que sólo les tienta el dinero va a misa, cada minuto que pasa es más evidente que lo de Cataluña sólo se puede arreglar de una manera: por el bolsillo. Como perfectamente dijo Su Majestad el Rey en su mensaje navideño, «no todo es economía»; pero muchísimo menos —y esto no lo dijo Su Majestad el Rey, pero lo digo yo— es política y corrupción. Asombra, deja estupefacto a cualquiera comprobar, día a día, hasta qué punto está corrompida y podrida esta querida y vieja nación llamada España. Asombra todavía más, si cabe, la alucinante falta de reacción de la gente; de toda: de la que no tiene más remedio que aguantarse y, sobre todo, de la que debería hacer justicia y no la hace. Aprovechando que estábamos en Navidad, los responsables de la cosa pública han vuelto a decidir que los miembros del poder judicial seguirán siendo nombrados por los partidos políticos en el Parlamento; o sea, que, hablando en plata, el Poder Judicial va a seguir dependiendo del Ejecutivo. ¿Y a esto le llaman democracia? Mucho antes y mucho más importante que lo de las jubilaciones a los 67 años, que lo de los impuestos, que tantas y tantas decisiones que se están tomando, es ir a las causas verdaderas de esta situación. Una de ellas es la situación de la Justicia; y las otras dos también tienen nombres propios y muy concretos: se llaman Ley electoral y Ley de huelga. Si aquí se hubiese cambiado la Ley electoral hace mucho tiempo —porque ya se estaban viendo las consecuencias de no hacerlo—, los partidos nacionalistas y separatistas no tendrían la sartén por el mango en los Gobiernos de las Autonomías y no estaría pasando lo que está pasando en Cataluña o en Vascongadas. Si aquí se hubiese aprobado hace mucho tiempo esa Ley de huelgas que ningún partido se atreve a aprobar y a regular, no estaríamos asistiendo al desmadre sindical (a cualquier cosa le llaman sindical) y a que los ciudadanos que tienen que someterse a una operación quirúrgica paguen el pato, o los que tienen que llegar a un destino en el Metro, en el tren o en avión no puedan hacerlo, y todo ande, como anda, manga por hombro. De modo que, cuanto antes se apruebe una nueva Ley electoral y antes se decidan a regular el derecho de huelga, respetable, sí, pero no más que el derecho a trabajar y a moverse libre y racionalmente, pues mejor para todos.

Dentro de unos días desaparecerá de las calles de Madrid, capital de España, esa iluminación dicen que navideña, pero que más parece un homenaje a Pitágoras que a Jesucristo, cuyo nacimiento tengo entendido que es lo que se celebra en Navidad. Apagadas las luces y de vuelta todo el mundo a la anormal normalidad, a lo de Cataluña, es decir, a esa mafia consolidada tipo Corleone, que de manera inconfesablemente sorprendente sale ahora defendiendo El País, se unirá lo de ETA —ya lo verán ustedes—, que se siente, lógicamente, ensoberbecida y hasta legitimada, porque se saben impunes. Mal, muy mal pintan las cosas en este 2013 que comienza. Dios nos coja confesados y nos eche una mano, y ¡ojalá en las próximas elecciones los españoles juzguen a los responsables por lo que están haciendo o están dejando de hacer! De momento, resulta ininteligible para cualquier persona sensata que, encima, el principal partido de la oposición apoye tanto desvarío. ¡Ojalá 2013 no tenga que registrar, como registró 2012 sólo en Madrid 3.276 manifestaciones, un promedio de 9 de ellas diarias! Y ¡ojalá 2013 sea para todos ustedes y para mí un año vivido no tan peligrosamente como 2012, que ha sido una inocentada permanente!