84 años del martirio del beato José Ignacio Gordon de la Serna

Este 13 de agosto se conmemoran 84 años del martirio del beato José Ignacio Gordon de la Serna, jerezano, sacerdote claretiano y ejemplo de coherencia y de vida consagrada

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Este 13 de agosto se conmemoran 84 años del martirio del beato José Ignacio Gordon de la Serna, jerezano, sacerdote claretiano y ejemplo de coherencia y de vida consagrada

El beato José Ignacio Gordon de la Serna es un mártir del siglo XX que no solo debe ser recordado como ciudadano ilustre de nuestra querida tierra, sino que, como decía san Juan Pablo II en su exhortación apostólica Vita consecrata al hablar de los mártires, debemos acudir a ellos para «que permanezca en la conciencia de la Iglesia la memoria de tantos testigos de la fe, como incentivo para su celebración y su imitación». Celebración e imitación, dos palabras cuyo significado esconde algo intrínseco a la vida de los católicos: la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, e imitación,de su vida dándose a los demás.

Vivimos tiempos de pandemia, de no pocas calamidades. Miles de personas han perdido la vida por una enfermedad que no distingue ancianos, jóvenes, niños, hombres o mujeres. Cuando decimos en el credo «creo en la comunión de los santos» hacemos referencia a eso que algunos llaman «la Iglesia como fábrica de santos», ya que la Iglesia es santificadora. «Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros […] Es, pues, necesario creer […] que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza […] Así, el bien de Cristo es comunicado […] a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia» (santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet Credo in Deum expositio, 13). Como dice el catecismo de la Iglesia católica, la expresión «comunión de los santos» tiene dos significados estrechamente relacionados: «comunión en las cosas santas» y «comunión entre las personas santas» (n. 948).

Acudir a los santos es una costumbre arraigada en la Iglesia desde tiempo inmemorial, para que intercedan por nosotros ante Dios. En momentos como los actuales, en el que muchos hogares han sufrido la muerte o la enfermedad de un familiar, la tragedia del paro, las calamidades del hambre, es una buena oportunidad acudir al beato José Ignacio Gordon de la Serna, nacido en Jerez el día 13 de octubre de 1.903, como protector e intercesor, para encomendarle la tarea de ayudarnos. Su pila bautismal, que se conserva en la parroquia de San Miguel de nuestra querida ciudad, supone un lugar de peregrinación, para poner bajo su protección nuestras preocupaciones.

Jesucristo lo dijo con claridad: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). En una situación como la actual, la continua presencia amorosa de Dios a nuestro lado nos llenará de consuelo y esperanza. Acudir a la intercesión del beato José Ignacio es una oportunidad que no debemos dejar escapar para que nos ayude a sobrellevar y superar estos tiempos complicados que nos han tocado vivir.

Alejandro Gordon Mínguez

El beato José Ignacio Gordon de la Serna

El padre José Ignacio Gordon de la Serna nació el 13 de octubre de 1902 en la ciudad de Jerez de la Frontera. Sus padres fueron Luis Gonzaga Gordon y Doz, productor y comerciante de vinos, y Josefa de la Serna y Adorno, hija del marqués de Irún, que murió en 1909.

La instrucción primaria y el bachillerato los realizó en el colegio San Juan Bautista de Jerez, dirigido por los marianistas. Estaba integrado en los Luises que dirigía el padre Vives, SJ. A continuación se trasladó a Madrid para hacer la carrera de Derecho. El 22 de septiembre de 1929 recibió el presbiterado y en agosto de 1932 fue nombrado superior de la comunidad claretiana de Játiva. Fue confirmado en el cargo en los nombramientos de 1934 para el trienio 1934-1937. No lo pudo concluir, porque en el segundo trimestre de 1936 fue obligado a refugiarse en la casa de Valencia. Fue detenido y aprisionado junto con el padre Alonso durante la mañana del 12 de agosto de 1936. Pasó el día en oración y conversación con los otros dos padres, preparándose para el martirio.

Al anochecer les dieron de cenar un guiso de patatas con carne, pan y agua que apenas probaron. Ya entrada la noche le llamaron a declarar, a él en primer lugar. El tribunal estaba formado por unos siete, entre los cuales había uno o dos de Játiva. El interrogatorio duró más de una hora. Las preguntas estuvieron concentradas en tres materias: la familia, su persona y el colegio de Játiva. Acerca de la familia le preguntaron quiénes eran sus padres y hermanos, los títulos nobiliarios, el pueblo de origen, las riquezas que poseían y más. Sobre su persona, si era sacerdote, de qué bienes disponía y dónde los tenía. Sobre el colegio, le preguntaron cómo lo hizo, con qué dinero, qué métodos seguía, cómo trataba a los niños.

Salió impresionado, pálido y tembloroso. Sin embargo su rostro reflejaba la alegría de un santo y dijo: «Pronto nos juntaremos al coro de los mártires». Todavía permaneció dos horas más en la cárcel. A eso de las doce de la noche le sacaron junto a los otros dos sacerdotes y los llevaron en coche al Palmaret, en el término de Alboraya.

Al descender del auto se abrazó con los otros dos religiosos y dijo: «Jesús mío, en tus manos encomiendo mi alma», y se dirigió a los milicianos con estas palabras: «Os perdonamos de corazón». A continuación los padres se dieron mutuamente la absolución.  El padre Gordon quedó herido, y recitaba: «¡Madre mía!». 20 minutos después los verdugos se acercaron a él y al ver que vivía, le dispararon un tiro en la cabeza.

Religiosos claretianos