El Viernes Santo, antes de dar por concluido el vía crucis que celebrábamos en el salón de actos de la cárcel de Soto del Real con 200 internos, en un ambiente de mucha oración, recogimiento y emoción, Juan Carlos, que lleva diez meses cumpliendo condena, se levantó del asiento y de rodillas ante la Cruz nos sorprendió, dirigiéndose con lagrimas en los ojos al Jesús clavado en la cruz con la siguiente oración:

«Jesús, yo soy un preso y solo tú sabes lo que me cuesta rezar en esta situación, ya que en mi ser más profundo explota a cada instante la rebelión. Es difícil creer y rezar cuando uno se siente abandonado y parece que todos le rechazan. También para Ti fue difícil rezar en la cruz y gritaste tu angustia, tu desilusión y tu amargura: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Mirándote a Ti esta es también hoy mi única oración. Yo no soy inocente como Tú, pero mi por qué es una petición de justicia, aunque pocos quieran escucharme. A Ti, amigo y hermano Jesús, dirijo hoy mi grito angustiado y desgarrado. Acéptalo como oración. Perdona y olvida todo el mal que he hecho. No todos me perdonan, sino que me siguen marcando como delincuente. Señor Jesús, no quiero perder mi dignidad ni renunciar a ser persona por el hecho de haber entrado en prisión. Hoy quiero creer que Tú, el más justo e inocente de los condenados, serás capaz de comprender mis lágrimas y mi rabia. Tú solo eres mi único hilo de esperanza verdadera. Te pido perdón si detrás de estas rejas miro furioso y con rabia a una sociedad que me señala y me excluye. Dame fe en la verdadera libertad, en esa libertad que está dentro de cada persona y que nadie nos puede arrebatar. Dame fe en mi capacidad de regenerar y rehacer mi vida según el modelo que me ofreces en tu Evangelio. Madre de la Merced, te pido hoy que ruegues por mí, que estoy sediento de libertad. Rompe las cadenas que me esclavizan y me anulan como persona. Vela y protege a mi familia. Extiende tu manto maternal sobre los que nos encontramos privados de libertad, para que todos juntos consigamos humanizar y dignificar nuestras vidas.

Paulino Alonso
Capellán de la cárcel de Soto del Real. Madrid