Un drama actual - Alfa y Omega

Un drama actual

Juan Orellana
La protagonista de Madame Bovary. Foto: Occupant Entertainment

Se estrena una nueva adaptación de la novela de Flaubert, después de una decena de versiones audiovisuales, entre películas y series televisivas. Probablemente la última gran adaptación fue la que dirigió Chabrol en 1991 protagonizada por Isabelle Huppert. La versión que ahora nos llega no es francesa sino británica, la dirige una mujer, la francesa Sophie Barthes (Cold souls, 2009), y la protagoniza Mia Wasikowska. El guion introduce importantes cambios respecto a la novela, eliminando por ejemplo la maternidad de la protagonista, o los infortunios del doctor Bovary tras el fallecimiento de su esposa. Sin embargo se conserva el drama central del relato: una mujer radicalmente insatisfecha que busca compulsivamente la felicidad donde no se encuentra. Sin ser una película inolvidable, no es una mala adaptación, y cuenta con un excelente diseño de producción.

Emma (Mia Wasikowska) es una joven llena de deseos que se casa con el doctor Charles Bovary (Henry Lloyd-Hughes) soñando una vida llena de intensidad y felicidad. Pero el día a día como esposa de un médico rural dista mucho de lo que ella había proyectado. Su esposo es bueno, pero vive dedicado a su trabajo, y la vida en el pueblo es aburrida e insulsa. Ansiosa por tener una vida emocionante, Emma se entrega a amores pasajeros y a gastos desorbitados que aumentan su felicidad y anuncian su ruina y la de su esposo.

Nihilismo disfrazado de romanticismo

Es curioso como, después de siglo y medio, lo que plantea Flaubert ha recobrado actualidad. Madame Bovary es presa de un nihilismo disfrazado de romanticismo, y es incapaz de descubrir el significado de una vida llena de una belleza que no es capaz de reconocer.

Ella se entrega a pasiones que no pueden colmar su deseo infinito y la consecuencia es que la nada va invadiendo su alma. Una enfermedad que es la más extendida en nuestros tiempos.

Una última observación: la imagen que el filme ofrece de la Iglesia es lamentable, sobre todo en el personaje del abate Bournisien, un sacerdote incapaz de acompañar, de aconsejar y de consolar.

Juan Orellana