Poco a poco T. comienza su relato. Con ello, desgrana la vivencia y valoración de sí misma y de su entorno en distintos momentos. «Desde muy pequeña trabajé duro en tareas de soporte familiar y, apenas hubo oportunidad, fuera de casa. Con mi hermana veía un trato muy diferente, yo tenía que trabajar y ella era la niña. Mi boda temprana tenía que ser un alivio para todos, pero no lo fue para mí, que seguí trabajando en condiciones más exigentes y, en cuanto a convivencia y relación, mucho menos humanas.

Mi familia de origen insistía en que tenía que seguir aguantando. Pero también hubo algo grande: mis hijas. Mirándolas entendí que, como madre, no podía permitir que crecieran en un ambiente tan hostil y que se repitiera en ellas mi historia; además, ante el Cristo que veneraba en mi pueblo, se me confirmaba este sentir y se me serenaba el ánimo.

No sé de donde saqué fuerzas, pero tomé la decisión de marcharme con mis hijas. En un primer momento tuve que recurrir a la ayuda de los servicios sociales; mis hijas estuvieron en un centro de menores y yo trabajaba duro y buscaba todos los momentos para estar con ellas; fue un gran logro que llegáramos a vivir juntas y salir adelante».

T. va recorriendo las etapas del duelo y, si bien su situación está marcada por los límites, va recuperando la autoestima en una situación nueva, y con ello un sentido de dignidad. «Poder expresarme, sentirme escuchada y poder yo misma escuchar me ha ayudado para revisar aquello que me dolía por dentro; al mirar de otra manera las experiencias vividas, he podido contrastar y revisar mis puntos de vista, considerar mi dolor en una dimensión menos individualista y más familiar; hablar más serenamente con los míos, aceptar y agradecer su apoyo, valorando su empeño para que cultivara habilidades que no había podido desarrollar, otras formas de presencia y cercanía».

T. ha comenzado a sonreír y a dejar de obsesionarse con las cosas que no puede hacer. Comienza a cuidarse sin sentirse culpable. Se descubre creativa y percibe con serenidad que ha dado a sus hijas raíces y alas.

María Jesús Domínguez Pachón
Coordinadora del Centro de Orientación Familiar de León