Experta en Ciencias Ambientales: «Generar una foto o vídeo con IA conlleva un gran gasto de energía y agua»
Diana Ürge-Vorsatz, profesora de Ciencias Ambientales de la Universidad Central Europea, ha escrito en la revista Nature Reviews Clean Technology sobre cómo los centros de datos que nutren la IA están acaparando gran parte del avance en energía renovables
—Se estima que el consumo de electricidad de los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial (IA) se duplicará con creces para 2030. ¿Somos conscientes de la cantidad de energía que hay detrás de la IA que utilizamos?
—No, desafortunadamente no somos conscientes de las importantes implicaciones energéticas y de consumo de agua que suponen estos centros. Ese es el problema: la mayoría de la población no sabe que pedir a la IA que les genere una foto, un vídeo o cualquier otro material conlleva un gasto muy considerable.
—En su reciente artículo sostiene que las energías renovables acabarán por cubrir solo el aumento de la demanda energética, sin sustituir a los combustibles fósiles para el resto de la que se consume. ¿Por qué?
—El aumento de demanda de la IA hace que la de electricidad aumente mucho también. Esto puede poner en peligro buenas tendencias que hemos tenido en el primer mundo, donde hemos visto durante décadas que muchos países ricos disminuían su demanda de electricidad a pesar del crecimiento de la población, del producto interior bruto (PIB) y de que cada vez usamos más aparatos que la necesitan. Aunque hemos logrado ampliar las renovables, no es suficiente para sustituir a los combustibles fósiles. Calculamos que para 2030, aunque la energía renovable seguirá aumentando, solo cubrirá ese incremento de la demanda.
—A la demanda de energía se añade la de agua. ¿Por qué necesitan tantos recursos estas infraestructuras?
—Los procesos naturales tienden a empujar todo hacia un mayor desorden. Así que, cada vez que queremos hacer algo más organizado y concentrado, requiere una gran cantidad de aporte de energía. La información es una de las formas más altamente organizadas de estructura material en el universo. De hecho, la forma más organizada de la materia que conocemos es el cerebro humano, porque es donde la información está más concentrada. Por lo tanto, cada vez que necesitamos producir información se necesita mucha energía acompañada, además, de una gran necesidad de refrigeración de las instalaciones, que se cubre con agua. Por eso los centros de datos requieren mucha energía y agua. Es importante entender que no las necesitan solo por la IA; pero este es, sin duda, uno de los factores más novedosos y grandes en el aumento de la demanda de centros de datos y del uso de energía en ellos.
—El ejemplo de la Unión Europea, que ha bajado su demanda eléctrica y ha aumentado su PIB, muestra que reducir la demanda no implica empobrecerse. ¿Es un modelo a seguir?
—Sí, esa experiencia es ejemplar. Aunque otros lugares han sentado precedentes. Como California donde, desde la década de 1970, su demanda total de energía solo ha disminuido a pesar del aumento de su población o de albergar Silicon Valley, por ejemplo.
—¿Existe legislación sobre esto?
—Ahora mismo no. Pero las tendencias positivas son gracias a una legislación europea muy progresista. De hecho, con sus directivas ecológicas, es la más respetuosa con el medio ambiente y en relación con la reducción de las emisiones.
—¿Existen intereses económicos y políticos para no poner este tema en el debate público?
—Sí, hay quienes obtienen beneficios del aumento de la demanda energética y no creo que quieran que disminuya. Más importante y preocupante es que estas empresas no quieran abordar las raíces de este aumento de la demanda. Y la raíz no es solo que cada vez usemos más aparatos inteligentes porque, de hecho, gran parte de esta demanda viene de usos que no son realmente útiles. Cada día se suben a la nube terabytes de vídeos de mascotas y los centros de datos deben almacenarlos durante quién sabe cuánto tiempo. Si todos generamos gratuitamente vídeos absurdos y luego los difundimos, seamos conscientes de que ese proceso consume mucha energía pero no necesariamente aporta un bienestar a la sociedad. Este es, creo, el punto más importante. Podemos usar la IA de maneras más razonables e inteligentes. Si abordamos estos temas podríamos ofrecer la misma cantidad de servicios y beneficios positivos de la IA usando menos energía y agua.