Prisa por la paz en Sudán del Sur

El gesto del Papa Francisco al arrodillarse para besar los pies a los representantes de las distintas facciones en guerra en Sudán del Sur suscitó «una verdadera voluntad de descubrirse parte de la misma familia sursudanesa». Fue un momento clave para lograr el alto el fuego firmado la semana pasada en Roma y auspiciado por Sant’Egidio

María Martínez López
Foto: Comunidad de Sant’Egidio

El gesto del Papa Francisco al arrodillarse para besar los pies a los representantes de las distintas facciones en guerra en Sudán del Sur suscitó «una verdadera voluntad de descubrirse parte de la misma familia sursudanesa». Fue un momento clave para lograr el alto el fuego firmado la semana pasada en Roma y auspiciado por Sant’Egidio

«El nacimiento de Sudán del Sur en 2011 suscitó entusiasmo internacional. Era un país constituido casi totalmente por cristianos, que habían vivido una larga lucha para independizarse» del norte musulmán que los discriminaba, recuerda Paolo Impagliazzo, secretario general de la Comunidad de Sant’Egidio. Desgraciadamente, solo dos años después, «cayó en una guerra civil». Lo que era un conflicto entre el presidente Salva Kiir y su exvicepresidente Riek Machar se convirtió en una lucha étnica y por el control de los abundantes recursos naturales. «Creo que esta es una de las causas del interés del Papa, como un padre ante hermanos que se hacen la guerra. Es un pecado».

A ello, se suma la invitación que tanto Francisco como el primado anglicano, Justin Welby, recibieron en 2017 para promover la paz con una visita al país. La falta de diálogo lo hizo imposible, pero desde entonces ambos acompañan desde la distancia el proceso de paz. Por ejemplo, con su último mensaje conjunto en Navidad.

«Buscad lo que une»

Pocos días después, el 13 de enero, la sede de la Comunidad de Sant’Egidio acogía la firma de la Declaración de Roma, impulsada por esta realidad eclesial. El documento, que incluye como primer paso un alto el fuego, es el primero asumido por el Gobierno y todos los movimientos opositores. Incluso los de la Alianza de Movimientos Opositores de Sudán del Sur (SSOMA, por sus siglas en inglés), que rechazan el acuerdo de paz alcanzado en Addis Abeba (Etiopía) en 2018.

Todos los firmantes de Roma subrayaron el papel clave que había tenido el retiro espiritual al que Francisco los convocó en Roma en abril. El Pontífice los conmovió al postrarse en el suelo para besarles los pies y pedirles, en nombre del pueblo, gestos concretos.

Más allá de este gesto, les regaló una Biblia, animándoles a «dejar de lado lo que divide y buscar lo que une». Esto «ha guiado el encuentro de estos días» y las citas previas tanto con los miembros del SSOMA como con el presidente Kiir, asegura Impagliazzo. «Vimos una verdadera voluntad de descubrirse parte de la familia sursudanesa. Muchos combatieron juntos por la independencia. Ahora, dejaron de lado sus prejuicios y aceptaron discutir todo, sin condiciones previas. Tenían prisa por responder al Papa y lograr la paz».

La prisa era tal que desde Sant’Egidio percibieron el riesgo de que cayeran en «un optimismo fácil y un enfoque simplista. Queríamos evitar que quisieran resolverlo todo con unas conversaciones de pasillo –explica el secretario general de la comunidad–. Tenían que descubrir con sinceridad los problemas reales que hay que resolver, y esforzarse por hablar de cosas concretas. Por eso adoptamos una metodología bastante rigurosa, alojándolos en lugares separados y reuniéndolos solo en nuestra presencia».

Un nuevo canal de diálogo

En esta apuesta, también la comunidad se había sentido reforzada por el Papa, y por sus palabras de abril pidiendo una paz inclusiva. La relación de Sant’Egidio con Sudán del Sur se remonta a los años 90, cuando medió entre distintas facciones independentistas que tenían divergencias entre sí. «Estuvimos en Juba, la capital, cuando se declaró la independencia. Y en 2017 la Iglesia de allí nos invitó a una oración por la reconciliación y la paz», recuerda Impagliazzo.

Volvió a ponerse al servicio del país en 2018, con el objetivo de integrar al SSOMA en el camino hacia la paz. No habían firmado el acuerdo de Addis Abeba porque «lo veían como un mero reparto de poder que no resolvía los problemas políticos. Algunos de sus grupos tenían todavía soldados sobre el terreno, y eso podía ser una causa de desestabilización en el futuro». Por eso decidieron abrir un canal de comunicación para que no se quedaran fuera del proceso.

Una vez conseguido el cese de las hostilidades, los firmantes de la Declaración de Roma se comprometen a continuar el diálogo político («no hay ni una Constitución permanente, queda mucho trabajo», apunta el mediador) y a garantizar el acceso y la seguridad de las organizaciones humanitarias. Este último aspecto es fundamental en un país donde «seis millones y medio de personas dependen de la ayuda del Programa Mundial de Alimentos y que hace poco sufrió unas inundaciones terribles».

María Martínez López


Una sangrienta historia

1953: Sudán obtuvo la independencia.

1955-1973: Primera guerra civil pidiendo más autonomía para el sur.

1983-2005: Segunda guerra civil, que terminó en 2005 con un acuerdo para que el sur tuviera seis años de autonomía y luego celebrara un referéndum sobre su independencia.

2011: El sí a la independencia logró el 98,8 % de los votos en el referéndum celebrado en enero. La independencia se formalizó el 9 de julio.

2013: La acusación del presidente contra su exvicepresidente de haber organizado un golpe de estado marcó el inicio de la guerra civil de Sudán del Sur, en diciembre.

2015: Kiir y Machar firmaron un acuerdo de paz, pero las tensiones se mantienen y al año siguiente se rompió.

2018: En septiembre, Kiir y Machar volvieron a firmar un acuerdo de paz en el que participaron varios grupos rebeldes, pero no todos.