León XIV a los sacerdotes: «La santidad no es una opción»
El Santo Padre escribe una carta sobra la santidad sacerdotal al clero de todo el mundo con motivo de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
«Queridos hermanos sacerdotes: en el día en el que la Iglesia contempla el Corazón traspasado de su Señor, del que brota una fuente inagotable de paz y unidad para todo el género humano, dirijo sobre todo a mí mismo y a todos ustedes las palabras que Dios dirigió al pueblo de Israel: “Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo”». Así comienza el mensaje que ha dirigido el Papa León XIV a todos los sacerdotes del mundo con motivo de la jornada por la santificación de los sacerdotes que tiene lugar dada año en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, una devoción que la Iglesia celebra y recuerda durante todo el mes de junio.
«Esta llamada divina atraviesa los siglos, resonando también hoy con fuerza para todo creyente y, con exigencia particular, para nosotros sacerdotes», continúa el Pontífice. Por eso, «la santidad no es una opción entre tantas ni un ideal abstracto; tiene que ver con la identidad misma de cada persona que quiere participar en la vida del Resucitado», añade.
En lo cotidiano
Para León XIV, cuando Dios nos llama a ser santos porque Él es santo, «nos indica el camino a seguir: dejarnos modelar según su Corazón. Y para nosotros, queridos hermanos, esta llamada es particularmente radical». Esta santidad que el Señor pide en este caso a los pastores «es un abandono confiado: dejarnos transformar por su Santo Espíritu», y eso a pesar de que «somos limitados e imperfectos, y a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas».

Entonces, ¿cómo puede un corazón humano tan vulnerable responder a una llamada tan alta? El Papa responde que «el sacerdote vive esta tensión, pero sabe dónde encontrar paz: en el costado abierto del Señor Jesús». Esta unión del propio corazón con el Corazón de Cristo «no es una experiencia reservada a unos cuantos elegidos, sino un camino sacramental, eucarístico, que se realiza en lo cotidiano», abunda.
Por eso, «es necesario reavivar siempre en nosotros el don de la gracia por medio de la celebración cotidiana de la Eucaristía, de la oración, de la meditación de la Palabra de Dios y del servicio humilde a los hermanos y hermanas». Solo de este modo «permanecemos unidos a Cristo en todo: en lo que hacemos y en lo que nos sucede cotidianamente».
No en soledad
El Pontífice aclara también en su mensaje que la santidad no consiste en «esfuerzos aislados», ni tampoco en «el esfuerzo de ascesis y perfección», sino que es «correspondencia a la gracia que nos precede, nos sostiene y nos transfigura». Ello incluye tanto «la oración, el ministerio y las relaciones», como «el cansancio, las alegrías y los fracasos, incluso el tiempo aparentemente perdido o el amor que parece malgastado». Todo se vuelve de esta manera «un lugar privilegiado de la revelación de Dios y de su amor infinito».
«El mundo tiene una gran necesidad de pastores que no ofrezcan solo palabras o programas, sino el testimonio vivo de un corazón reconciliado, difundiendo el buen olor de la santidad de Cristo», interpela el texto asimismo. Pero la santidad sacerdotal «no se vive en soledad», por lo que el Papa pide a los presbíteros: «Cuiden la fraternidad sacerdotal: búsquense, escúchense, sosténganse. El sacerdote que se aísla, lentamente se apaga; el sacerdote que camina con los hermanos crece».