Osoro: «La parroquia debe entrar en las realidades del mundo»

El cardenal arzobispo de Madrid clausuró las jornadas de actualización pastoral para sacerdotes sobre el tema de la parroquia misionera

Fran Otero
Foto: José Luis Bonaño

El cardenal arzobispo de Madrid clausuró las jornadas de actualización pastoral para sacerdotes sobre el tema de la parroquia misionera

El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, afirmó este jueves que la parroquia de hoy tiene que renovarse, salir de ella misma y entrar en las realidades del mundo para ser evangelizadora, siempre desde la cercanía, el encuentro y la misericordia.

El purpurado hizo estas apreciaciones en una charla con la que clausuró las jornadas de actualización pastoral para sacerdotes que, con el título Parroquia misionera, organizaron la Universidad Eclesiástica San Dámaso y la Vicaría Episcopal para el Clero.

Osoro comenzó su intervención con dos imágenes que bien puede definir a las personas y a las comunidades eclesial. Las del espejo –las que se ven a ellas mismas– y las del cristal –a través del cual ven a los demás–. «Los que evangelizan ven más allá de sus comunidades eclesiales, salen de ellos mismos; perciben las necesidades del mundo y hacen un hueco en sus vidas a los demás», dijo, para preguntar, a renglón seguido, cuál de estas dos imágenes es la más acertada para definir a las parroquias.

Para presentar los elementos necesarios para la renovación parroquial, el arzobispo de Madrid bebió de dos fuentes fundamentales: el Concilio Vaticano II y el Papa Francisco. Y dijo: «Fomentar la renovación en la parroquia requiere modificar la cultura, la eclesiología y asumir la del Vaticano II. Hicimos un concilio y tenemos los decretos y constituciones. ¿Qué es lo que ha hecho el Papa? Sacar al Concilio de la estantería».

Con estas bases, Osoro propuso una parroquia que exprese a Cristo que es luz y salga a anunciar al Evangelio. También que tenga en cuenta al pueblo de Dios, porque, dijo, «nuestras parroquias son muy clericales, si falta el cura no se puede hacer nada». «Las circunstancias de nuestra época exigen un examen detallado de cómo estamos viviendo la participación de todos los cristianos», añadió.

Asimismo, insistió en la necesidad de que las comunidades sean misioneras, es decir, que tengan en cuenta la actividad humana en el mundo, el matrimonio, la familia, la cultura, el trabajo, la política, la vida económica y social… pues «como parroquia misionera tiene que entrar en las realidades del mundo».

Cercanía, encuentro y misericordia

El purpurado se detuvo en dos categorías esenciales, la cercanía y el encuentor, porque «sin ellas no tendremos una parroquia ni los elementos claves para una renovación». También añadió la misericordia, «eje fundamental para la reforma de la Iglesia, para poder vivir la cercanía y el encuentro desde donde se puede realizar la evangelización».

En este sentido, dijo, citando a san Agustín, que algunos preceptos añadidos por la Iglesia deben ser propuestos con moderación de modo que se pueda llegar «a todos». «Jesús no da una lista selectiva de quién sí y quién no es digno. Al contrario se presenta a todos. Yo soy obispo para los que están lejos. Si voy poniendo condiciones o regañando se me marchan. Y eso no es tragar. Eso es acercarte para en confianza poder hablar. No se trata ni de maquillar, ni de trucar, ni de una estrategia. El que tiene experiencia de Cristo o hace esto o es mentira», añadió.

E insistió en la idea de que la Iglesia es madre y debe ir con misericordia a curar a los heridos: «Si el Señor no se cansa de perdonar, ¿es que nosotros tenemos alguna alternativa? Al mundo hay que salvarlo desde dentro y para esto la Iglesia tiene que ser un lugar de misericordia gratuita».

Fran Otero