María Corina Machado visita la madrileña parroquia de Santa Elena
Uno de los primeros pasos en la capital de la Premio Nobel de la Paz fue visitar la parroquia de Santa Elena, conocida en Madrid por sus actividades en favor de la comunidad venezolana
El pasado viernes, 17 de abril, uno de los primeros pasos de la Premio Nobel de la Paz, la venezolana María Corina Machado, fue visitar la parroquia de Santa Elena, conocida en Madrid por sus actividades en favor de la comunidad de Venezuela en la capital.
«Ella había oído hablar de nuestras actividades y quiso venir personalmente a conocerlas y agradecernos personalmente todo lo que hemos hecho por facilitar la vida, tanto espiritual como materialmente, a quienes contra su voluntad han tenido que salir de Venezuela debido a las violaciones de derechos humanos que se viven en este país», asegura Javier Igea, su párroco, a Alfa y Omega.
La relación de la parroquia con esta comunidad empezó cuando abrió las puertas para que en sus instalaciones se almacenaran, clasificaran y enviaran medicinas e insumos médicos al otro lado del Atlántico, «incluso con envíos personales de medicación hechos con pilotos de Iberia para atender casos urgentes», explica Igea.
Poco después de iniciar este servicio, tras la ola de represión que siguió a las protestas estudiantiles, «acogimos en la parroquias algunas personas que habían pasado por cárceles y habían sufrido torturas. Es el tiempo en que se incorporó Jesús Alemán, quien salvó su vida milagrosamente, tras un motín en la cárcel en la que fue condenado a 40 años y en el que murieron 80 personas. Fue desterrado con lo puesto, y, providencialmente, llegó a nuestra parroquia y empezó a colaborar con nosotros». Recién llegado se encargó de la acogida en la parroquia de 75 jóvenes.

En ese tiempo, la parroquia acogió a familiares de personas asesinadas en las protestas estudiantiles. «Me impactaron especialmente los padres que me pidieron un funeral por sus hijos asesinados a balazos mientras se manifestaban», recuerda el párroco. Una de las víctimas era estudiante de Ciencias de la Salud y participaba en las manifestaciones asistiendo a los heridos por gases lacrimógenos, identificádose mediante un casco de obra verde con una cruz blanca encima de la frente hecha con dos tiras de cinta aislante. «Los padres trajeron todo aquello al funeral, junto con sus fotos, y la carga de su dolor».
El paso de la COVID-19
En el contexto del confinamiento, la situación se recrudeció para los recién llegados. «Un grupo de voluntarios se montó en la parroquia y la convertimos en una cocina: 250 comidas repartidas a diario y más de diez personas trabajando, algunos chefs venezolanos». «Me impresionó —rememora Igea— que una de las familias a las que enviamos comida llevaban 3 días sin comer en su apartamento».
Al volver a la normalidad, surgió la idea de la repoblación inspirada por una noticia en La Voz de Galicia de un negocio abierto por una venezolana en La Estrada: algo sencillo pero rompedor: una heladería con cuentacuentos para los niños del pueblo. Así, se pusieron en contacto con la Vicepresidencia de Ordenación Territorial de la Junta de Castilla y León, y, tras un viaje a Valladolid, entraron en contacto con alcaldes quienes, a su vez, les pusieron en contacto con empresarios locales para hacer lo mismo. De esto surgió la fundación civil Talento 58, «hecha con la ayuda indispensable de mi hermano Jaime, empresario jubilado y uno de los socios fundadores de Ignis, empresa de más de 500 trabajadores, puntera en tecnología».

Así, se creó un modelo de trabajo consistente en que la fundación «creaba una pequeña sociedad que era explotada por trabajadores emigrantes contratados. Algunas en Madrid, otras en el medio rural, y con los beneficios del emprendimiento, se financia la inversión. Al amortizarse esta, los trabajadores se convierten en dueños del 90% del capital de la empresa». De esta época es el convenio con la Diputación de Zamora, para el desarrollo en el medio rural, lo que justificó que al encuentro con María Corina Machado del pasado viernes asistiera el presidente de la Diputación.
La fundación no solo trabaja mediante emprendimientos. También sirve de puente entre las necesidades de trabajo local y la búsqueda de empleo/selección de personal entre el personal emigrante. De ahí viene el proyecto Mi Pueblo Acoge, para ayudar en la tarea de la repoblación.
En Venezuela, la fundación mantiene un comedor de niños en una barriada pobre y se han enviando donativos puntuales para refugiados políticos y víctimas de violaciones de derechos humanos —familiares de presos y similares—. «La Iglesia no puede quedar al margen de la construcción de una sociedad más justa y libre».
La Divina Pastora
Gracias a uno de los sacerdotes que compartió con nosotros vida pastoral en la parroquia, «nos convertimos en referencia para la devoción mariana en Madrid. Fue obra comunitaria la construcción de una réplica de la Divina Pastora de Barquisimeto, que todos los años sale en procesión en enero por las calles de nuestro barrio».
María Corina lo sabía, y ella, muy devota de esta advocación, «quiso venir a venerarla. Le entregamos como presente una reproducción del monumento de Bariquisimeto, hecho por un arquitecto también refugiado en España».
Conocedora de toda esta actividad, María Corina Machado quiso visitar y agradecer a Dios y a la parroquia todas esta actividad. Participaron en la visita los miembros de la fundación Talento 58, miembros de la Fundación Neos (María San Gil, entre otros), colaboradores de la parroquia y Rafael, sacerdote venezolano estudiante en Madrid y miembro muy activo de la parroquia.