La parroquia de Vallecas en la que se escuchan en Misa los goles del Rayo - Alfa y Omega

La parroquia de Vallecas en la que se escuchan en Misa los goles del Rayo

En el territorio de Nuestra Señora de la Misericordia «muchos tienen la vida en el aire y están como de paso», dice el párroco. Pero «Dios quiere estar en todos los barrios»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Fachada del templo, enfrente del Estadio de Vallecas.
Fachada del templo, enfrente del Estadio de Vallecas. Foto: Nuestra Señora de la Misericordia.

Nuestra Señora de la Misericordia es la parroquia del Estadio de Vallecas, donde juega el Rayo Vallecano. De hecho, desde la puerta de la iglesia se ven perfectamente algunas de sus gradas y, cuando hay partido, las calles aledañas se llenan de aficionados. «A veces hasta escuchamos los goles en directo en mitad de la Misa», cuenta con humor el párroco del templo, Felipe Rosario.

Situado en medio del histórico barrio de Vallecas, la zona se ha ido llenando en las últimas décadas de muchos inmigrantes de distintas nacionalidades, la mayoría latinos procedentes de Venezuela, Colombia y Perú. Algunos de ellos llevan aquí más tiempo, han echado raíces y, de hecho, algunos de sus hijos ya han nacido en España. «Pero no es lo normal», puntualiza Rosario. «Vallecas se ha convertido en una zona de paso por los altos precios de la vivienda que hay en todo Madrid», añade.

«Cuando llega a España, la gente empieza alquilando un piso. Pero en cuanto prospera se va a otras zonas, e incluso a pueblos, en los que la vivienda es más barata», atestigua. Eso se nota también en aquellos que acuden a pedir ayuda al despacho de Cáritas, porque «a los dos o tres meses de pasarse por aquí ya dejan de venir», abunda.

Los vecinos de toda la vida son una minoría. Pocos hijos de la gente del barrio han decidido —o podido— quedarse y eso se nota en la comunidad. «Los feligreses ya son en un 80 % latinos; habrá un 15 % de gente mayor y el resto son personas o familias de un perfil más heterogéneo», señala Rosario.

La parroquia quiere hacerse presente en las calles del Vallecas.
La parroquia quiere hacerse presente en las calles del Vallecas. Foto: Nuestra Señora de la Misericordia.

Con los inmigrantes, ha venido también su modo de vivir la fe. «Algunos de los que vienen pierden aquí la práctica religiosa. Pero la mayoría la continúa a su manera, sobre todo en momentos puntuales como son el bautizo de los niños o la Primera Comunión, sin mucha más continuidad», lamenta. Por eso, aunque el templo acoge más de 50 bautizos al año —«no nos podemos quejar», reconoce el sacerdote—, «luego no hay mucha perseverancia».

Todo ello es para la parroquia «un desafío», en el que «despertar una identidad creyente para toda la vida resulta complicado». Por eso, ante esta situación, en Nuestra Señora de la Misericordia «ofrecemos lo que tenemos: un grupo de matrimonios, otro de alabanza tipo carismático y otro para profundizar en la Palabra; porque la fe es comunitaria y rezar junto a otros siempre ayuda».

Aun así, uno de los mayores obstáculos a la continuidad es que la vida de la mayor parte de los vecinos de Vallecas gira en torno a sus empleos: «Trabajan por días o incluso por horas, en precario muchas veces, para ganarse la vida como pueden. Esa es su prioridad. Y los primeros años aquí, si están sin papeles, todo se hace todavía más imprevisible. Hacen los que pueden: una mudanza, una reforma, una casa para limpiar. Eso compromete su asistencia a la parroquia», cuenta el sacerdote.

Desde l Cáritas también echan una mano si es posible: cheques de alimentos y un empujón para la fianza del piso o para llegar a fin de mes, por ejemplo. «Intentamos ayudar, pero de modo puntual», señala Rosario, para que los beneficiarios —unas 30 personas al mes— «saquen los recursos para salir adelante por ellos mismos».

Ante este panorama, entusiasmar a la gente por ser cristiano todos los días y para toda la vida no es fácil. «Duele», corrobora el párroco, que comparte la sensación de que muchos de sus feligreses «tienen la vida en el aire y están como de paso». Aun así, la parroquia sigue ofreciendo su compañía «para que en este tramo de su vida aquí hayan tenido al menos la oportunidad de cuidar la fe». No en vano, Felipe Rosario explica que la presencia de esta comunidad en medio de Vallecas «es un signo de que la Iglesia sigue trabajando en Madrid y de que Dios quiere estar en todos los barrios».