Obispo de Bari: «Los pastores deben ayudar a mirar al futuro con un discurso que invoque la paz y derroque el miedo al diferente»

Victoria Isabel Cardiel C.
Foto: www.mediterraneodipace.it

El encuentro El Mediterráneo, frontera de paz organizado en Bari por la Conferencia Episcopal Italiana concluyó el domingo con la denuncia del Papa ante la «hipocresía» de los países que «hablan de paz y venden armas a los que están en guerra». En la reunión episcopal que sentó en una misma mesa a 59 obispos llegados de 20 países de la región extendidos por tres continentes –Asia, África y Europa– se discutió sobre las amenazas y el futuro del Mediterráneo. Muchos expertos lo catalogaron como un mini-sínodo en los que también participaron tres obispos españoles, el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella; el obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, y el de Almería, Adolfo González Montes. El obispo de Bari, monseñor Francesco Cacucci, ha invitado a los pastores en una entrevista con Alfa y Omega a derrocar el miedo para lograr una sociedad en paz. «En este momento dramático en el que la guerra se ha hecho presente en varias zonas de la región, los pastores deben ayudar a mirar con esperanza al futuro con un discurso que invoca la paz y derroca el miedo al diferente», remacha.

Mediterráneo, frontera de paz, es el título. ¿Cómo puede contribuir la comunidad eclesial a la paz en el Mediterráneo?

En este momento dramático en el que la guerra se ha hecho presente en varias zonas de la región, los pastores deben ayudar a mirar con esperanza al futuro con un discurso que invoca la paz y derroca el miedo al diferente. Pero también con gestos concretos de acogida hacia los que sufren estos conflictos. El anuncio del Evangelio no puede separarse del compromiso por el bien común y los cristianos debemos distinguirnos por ser constructores de paz.

Podríamos marcar en el mapa el Mediterráneo como una zona roja, de conflicto. ¿Por qué este evento ha puesto el foco en la frontera de paz?

Foto: Agenzia SIR

La frontera es un territorio de paso. En su sentido ontológico no alza muros. Este es el significado del título. Ante los conflictos bélicos que asolan el Mediterráneo, por ejemplo, en Libia o Siria, tenemos a veces la sensación de que están lejos y no nos afectan desde el otro lado, pero, en realidad, cada día somos testigos de las consecuencias. Basta pensar en las personas que huyen despavoridas de la guerra y que tratan de llegar hasta nosotros como pueden. Son guerras provocadas. No es uno contra otro, sino que hay más actores externos. Sobre todo, como dijo el Papa, por detrás están los intereses económicos de los países que venden armas. El Mediterráneo es un tema que no solo toca a Europa. Son muchas las naciones que se dicen cristianas, pero miran al Mediterráneo con avaricia guiados por intereses económicos contrarios al Evangelio.

Los cristianos y otras minorías religiosas viven situaciones brutales de persecución. ¿Cómo debe interpretar su sufrimiento la Iglesia europea?

Los cristianos son víctimas de persecuciones horribles en algunos países del Mediterráneo por su amor a Cristo. El Papa ha denunciado muchas veces el silencio mediático y político que cubre la situación de estos cristianos que en muchos casos son obligados a dejar sus casas y huir. Debemos aprender de ellos porque son el ejemplo de cómo sembrar la paz en medio de la violencia. Su martirio es un ejemplo para nosotros. El Evangelio nunca debe ser un motivo de discriminación hacia las comunidades cristianas. La catolicidad indica universalidad y nos dice que hoy en el sur del Mediterráneo, como en Europa, incluso las pequeñas comunidades de católicos, las pequeñas comunidades cristianas, son parte de la universalidad de la Iglesia.

Uno de los temas sobre el que se han confrontado los obispos es el drama de los migrantes que tratan de atravesar el Mediterráneo para dejar atrás la guerra y la miseria. ¿Qué respuesta debe dar la Iglesia ante esta situación?

La Iglesia católica no debe cansarse de acogerles nunca. Esto es el Evangelio. Pero creo que hay que no solo hay que centrarse en las situaciones de emergencia de los que acaban del llegar, sino también crear una estructura para dar respuesta en las siguientes fases. El problema más serio que afronta Europa es la segunda fase en la acogida. Es muy peligroso abandonarlos a suerte, porque se crean guetos y no hay integración social. Esto a su vez crea alarma social y miedo porque no se ha gestionado bien. Además, hay que intervenir en los países de origen. Allí está la Iglesia misionera, nuestros pastores que denuncian que la migración se traduce en un empobrecimiento ulterior para el país. Porque lo que se van son los más jóvenes y los más preparados.

Victoria Isabel Cardiel C. Roma