Nadie quiere la noche

Colaborador

Isabel Coixet vuelve a las historias épicas después de Aprendiendo a conducir. En esta ocasión, Jaume Roures y Andrés Santana le producen Nadie quiere la noche, una película que trata de hacer una reconstrucción de hechos históricos. En 1908, Josephine (Juliette Binoche), una mujer rica y culta, trata de llegar al Polo Norte para reunirse con su marido, el famoso explorador Robert Peary, que se dispone a culminar su última hazaña alcanzando este punto. La acompaña como guía una humilde esquimal inuit, Allaka (Rinko Kikuchi). Ambas tendrán que unirse para sobrevivir a las duras condiciones climáticas.

La película quiere homenajear a esa esposa coraje que no se arredra ante ninguna dificultad. Pero también es el retrato humillado de una mujer que quiere recuperar el espacio perdido en el corazón de su esposo. No es casual que en el filme no aparezca el marido, haciéndose presente a través de su ausencia, y permitiendo de esa forma una mayor identificación entre público y protagonista. A pesar del interés de la historia, el guión de Miguel Barros resulta demasiado distante.