Llevamos unos meses que, en casa, en la televisión e incluso en el colegio, se habla mucho de la crisis. Es un tema serio, porque provoca que muchas familias lo pasen realmente mal. En casi 1,6 millones de hogares, todas las personas mayores están sin trabajo, y muchas no cobran ya ni siquiera el paro, porque han agotado esta prestación.
Los niños están al tanto de todo esto. «A veces, en clase, los chicos me preguntan por la Bolsa» y otros temas de economía difíciles de entender. Lo cuenta Fernando Baz, profesor de 5º de Primaria del colegio Tajamar, de Madrid. Pero, más que estas cosas, «lo que viven los niños es lo que ven en sus casas». Por ejemplo, que no haya dinero. «Más que la falta de cosas, sin embargo, les preocupa ver a sus padres preocupados».
El colegio Tajamar está en Vallecas, uno de los barrios de Madrid donde más se nota la crisis. Cerca de ahí, está el colegio Ciudad de los Muchachos, de los salesianos. Allí, «el trabajo está desapareciendo a una velocidad tremenda, y desde el año pasado hemos notado bastante más la crisis», explica Arturo, profesor de ESO. Por ejemplo, aunque el uniforme es barato, «este año vemos a niños con los uniformes gastados, que se les han quedado pequeños, o incluso en algún caso rotos, porque tienen dificultad para cambiarlos». Además, cada vez más chicos no pueden pagar las actividades complementarias, y a veces, ni siquiera los libros de texto.
«Estoy preocupada porque veo a mis padres preocupados, aunque no hablo mucho con ellos de esto. Me cuesta más estudiar por las tardes, y mis notas han bajado. Intentamos ahorrar mucho y no hacer excesos. Sigo saliendo con mis amigos e intentamos pasarlo bien, pero sin irnos lejos, ni al cine ni nada de eso». Una alumna (Salesianos).
—«Somos seis hermanos. Yo soy el mayor. A mi hermana y a mí nos preocupa la crisis, pero los pequeños creo que no lo notan. Tengo que cuidar mucho los libros y la ropa para que ellos los hereden. Hay que tener cuidado con las cosas, y, si se rompen, las tiene que arreglar mi padre, porque no hay dinero». José (Tajamar).
—«Mis padres, por suerte, trabajan los dos, pero no ganan demasiado. Nos piden ayuda, nos dicen que no hay pelas y que hay que gastar lo mínimo. Antes, me daban la paga y, luego, aparte, me pagaban las actividades a las que voy. Ahora las pago yo con mi dinero. Así, además, las aprovecho y disfruto más». Javier (Tajamar).
A pesar de todo, «los chicos han visto estos problemas llegar poco a poco, y se adaptan. Mientras puedan comer y jugar, están felices. Confían en que sus padres van a cuidar de ellos», a pesar de los problemas. Además, el colegio ayuda: «Cobramos un euro o dos más en las actividades para pagárselas a los que no pueden. Si no pueden comprar libros, les dejamos los que tenemos los profesores, y pedimos a los alumnos que traigan los de otros años para prestarlos».
Para otros niños, la situación es aún peor. Jorge Morillo ayuda a niños de los barrios más pobres de Sevilla, y cuenta que «hay niños que pasan hambre. El otro día estuve con una familia que no había comido nada en todo el día. Con la crisis, hay más gente que recoge cartones y chatarra para venderlos, así que también ellos ganan ahora menos».
Tener menos cosas, darse cuenta de lo que cuesta conseguir el dinero o no poder ir a algunas actividades no es del todo malo: se puede aprender mucho de ello. «Estamos notando mucha solidaridad y responsabilidad —cuenta Arturo, un profesor salesiano—. Los chicos cuidan más los libros para que luego puedan usarlos otros niños. Además, se han volcado en las campañas de solidaridad del colegio, como la actividad del bocata solidario, que este año ha sido para ayudar en el barrio, a través de Cáritas».
También en el colegio Tajamar están intentando que los niños aprendan de la crisis: «Les animamos a que echen una mano en todo lo que puedan en casa, y sus padres les piden que estudien más y hagan mejor los deberes. Y sí estamos notando que ahora son más responsables. También cuidan más las cosas, porque si algo se rompe, no se puede reponer». Padres e hijos también pueden pasar más tiempo juntos, y eso les ayuda a ambos.