Me duermo. La serie de Paolo Sorrentino, The young Pope, que se emite en HBO –diez capítulos de 50 minutos–, me produce somnolencia. Un estado entre catárquico y metempsicótico quizá por el relajamiento que generan los convolutos, la estética posmoderna de un producto que rompe la relación entre lo natural y sobrenatural, vamos, nada que ver con la cuestión del sobrenatural de De Lubac. Eso sí, todo limpio y pulcro, Buñuel y Fellini. Ideas y creencias a lo Ortega y Gasset. Cada vez creo menos lo que me cuentan y más me fijo en las intenciones que están detrás de lo que cuentan que me cuentan. En esas intrigas caben los muros de un vaticano que, en esta serie, no es el Vaticano. Porque, entre otras razones, la Santa Sede no parece que autorizase la grabación en su geografía de humanidad.

La serie se ha grabado gracias al dinero del señor Roures. Por algo será. La serie The young Pope, ese joven y apuesto Papa, Jude Law, con sintonía posmoderna también, es Pío XIII, Lenny Belardo, norteamericano de origen y atribulado de condición. Es elegido por sorpresa. Sube a la sede de Pedro, se sienta y se cierra en sí mismo, se esconde de la masa, del público, de los fieles, de los cardenales. Entra en un universo de contradicciones, él mismo es una contradicción –y ¿quién no lo es?–, en el que uno no sabe muy bien si la contradicción es el hombre o el nombre, la función, el ministerio, lo humano o lo cristiano, la revelación, la estructura, el sistema. Y, a partir de ese momento, Paolo Sorrentino, genial director en aquella Gran belleza, nos mete de lleno en la dinámica de un papado que es imagen, pura imagen, círculo cerrado, no línea recta. Pío XIII y su curia con la nueva sor Pascualina, que es Diane Keaton, Sister Mary. El Papa y el papado están de moda, pero no a cualquier precio. Hay temas, el secreto de confesión, la religiosidad popular, etcétera, que pueden herir ciertas sensibilidades. En síntesis, magnífica fotografía, luz y colores, encuadre. Pero el nombre de la rosa no es la rosa. El nombre del Papa no es el Papa, es algo más que el Papa. Psicología proyectiva. Y en el joven Papa hay demasiados viejos que se han proyectado.

José Francisco Serrano Oceja