El PSOE propone eliminar la Religión de las escuelas. Con esta asignatura, que a nadie se le impone, los padres católicos (y los de otras confesiones) ejercen el derecho que les reconoce la Constitución de elegir «la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Hablar de privilegio de los obispos es incurrir en una grave manipulación. Igual sucede con la propuesta socialista de eliminar de la Carta Magna la exigencia para los poderes públicos –en el marco de un Estado aconfesional– de mantener «relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones». En el improbable supuesto de que se lograra culminar el tedioso proceso que exigiría la modificación de este artículo, cualquier gobierno democrático tendría obligación de mantener esa cooperación con la Iglesia, como con los demás actores sociales de relevancia. La endeblez de los argumentos deja claro que el único propósito del PSOE es generar tensión social para intentar sumar votos a su izquierda, pero este es un modo de proceder irresponsable en el que un partido con vocación de gobierno no debería incurrir.

Alfa y Omega