Según el Papa, la Iglesia tiene una misión entre el «ya» del mundo y el «aún no» del Reino
En su audiencia general, León XIV ha recordado el deber de tomar posición «a favor de los pobres y los explotados» pero sin perder de vista de la eternidad
«La Iglesia es el pueblo de Dios en camino en la historia y el fin de todo su obrar es el Reino de Dios». Con estas palabras, León XIV ha centrado la catequesis de este miércoles durante su audiencia general en la Plaza de San Pedro en la dimensión última de la Iglesia. Que no es otra que caminar hacia la «meta final» y anunciar un Reino «de amor, de justicia y de paz».
El Pontífice ha retomado su ciclo de enseñanzas sobre la constitución conciliar Lumen Gentium. «Jesús dio comienzo a la Iglesia precisamente anunciando este Reino», ha subrayado. Ha invitado a los peregrinos a «dirigir la mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva». Y ha insistido en que «la Iglesia vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo».
La Iglesia es «sacramento de salvación»
León XIV ha explicado que esta esperanza no es abstracta, sino que se hace presente en la vida concreta de los creyentes, especialmente en los sacramentos. La Iglesia, ha recordado, es «sacramento universal de salvación», «signo e instrumento, germen e inicio, de esa plenitud de vida y de paz prometida por Dios». Por eso los cristianos avanzan en una historia marcada por tensiones sin caer «ni en ilusiones ni en la desesperanza», sostenidos por la promesa de «aquel que hace nuevas todas las cosas».

En este contexto, el Papa ha situado la misión de la Iglesia entre el «ya» y el «aún no» del Reino. «La Iglesia custodia una esperanza que ilumina el camino», ha afirmado, y tiene la tarea de «pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida e impide su desarrollo». Esa responsabilidad incluye tomar posición «a favor de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra y de todos los que sufren en el cuerpo y en el espíritu».
Rezar por los difuntos fortalece la fe
El Pontífice ha insistido también en la necesidad de una renovación constante. «Ninguna de las instituciones eclesiales puede ser absolutizada», ha advertido, y recordado que todas están llamadas «a una conversión constante, a la renovación de las formas y a la reforma de las estructuras». Esta dinámica, ha explicado, permite que la Iglesia responda fielmente a su misión sin perder de vista su fragilidad histórica.

Por último, León XIV ha recordado que quienes viven y quienes han muerto «forman una única Iglesia», unidos en Cristo. Por eso, cuando los creyentes «rezan por los difuntos siguiendo las huellas de quienes ya vivieron como discípulos de Jesús», fortalecen su camino.